Ir al contenido principal

Rima a la imaginación

¡¡¡¡Bienvenido 2012 y todo lo bueno que traiga!!!!


Cada minuto te veo y cada día te escucho.
Aún lejos, aún tarde, yo siento tu voz
y desde lo más hondo, yo te extraño mucho.
Te pido: ven mi amor, dame hoy tu luz.

No puedo alegrarme sin tus sonrisas
y si la noche no tiene tu nombre,
me aseguró de poder soñar tus carismas
pues te sigo como la sombra al hombre.

Si veo tus ojos brillar como el sol,
veo tu ser intentando florecer alto.
¿Qué criatura en el universo el control
tiene como tú, de volar a grandes saltos?

No hay nada, nada que pueda apreciar más
que sentirte entrando en mi vida, dándome
utensilios especiales para ir más allá
y estar a tu lado, con tu voz iluminándome.

Comentarios

Ale ha dicho que…
Hermoso! ^^
Anónimo ha dicho que…
Tus rimas son de lo más dulces, frescas y sinceras.

Se pueden sentir como caricia de viento.

Hermoso poema!

Besos, Andrés.

Entradas populares de este blog

LA LEYENDA DEL HOMBRE CON EL CORAZÓN ROTO

En el pueblo se está escuchando que nació una leyenda. Que hace varios días se escucha a un hombre lamentarse y no parar de gritar en las noches. La gente dice que él lleva la marca de un corazón roto en el pecho. Dicen los más viejos que fue por causa de una mujer de la cual estaba enamorado desde que empezó a soñar, cuando la veía todas las noches en castillos o en barcos, incluso, la primera vez, la vio en un templo y, al despertar, muchos meses después la conoció frente a una librería, donde quedó grabado para siempre el amor en su piel. De ella, cuentan que inspiraba lujuria y paz, que en las noches su voz acariciaba las flores y que al amanecer siempre tenía una sonrisa en su rostro. Muchos hombres se enamoraron de esa mujer por mucho tiempo, unos supieron disfrutar su belleza y amabilidad; otros tontos ciegos jugaron a creerse únicos y perdieron sus recuerdos. Pero este hombre, según hablan, conquistó a aquella mujer una noche en que un brillo ingenuo brotó de su pecho y una mi…

Hola, soy Andrés

Hola, soy Andrés, soy Andrés, soy Andrés. Me gusta escribir porque siempre me ha quedado bonito cuando lo hago, pero cuando venga un mensajero de tu parte a decir lo que quiero escuchar... entonces gritaré, y te maldeciré cuando me digas que esa fue toda la verdad, porque para mí fue diferente; y esa tuya que crees, para mí es la mentira que te dije ayer que no era mentira, igual no estoy arrepentido de lo que te hice, lo volvería a hacer: ¡lo que me da la gana!, igual siempre lo había hecho sólo que tú me quitaste la gana y la remplazaste por aborregamiento simple, sin mucho compromiso. Es como dijo mi abuelo: “haz lo que quieras, pero tráeme mi botella de vuelta”. -¿Otra vez la misma vuelta? Pero si ya la hemos dado trescientos sesenta y cinco veces, estoy cansada de seguir dando la misma vuelta una y otra vez-. Cuando me bajé de la rueda gigante, estaba mareado de ver tu cara tantas veces y me vomité porque me asqueó tu comportamiento, todo lo que haces sin pensar y todo lo que pie…

Todos los días pienso en ti

I.D.

Aún no he podido abrir los ojos desde el día que tu partida fugaz cubrió todas estas montañas y mi vista se oscureció en despojos de memorias, sentidos y engaños mientras tu ausencia recorría toda la faz.
Aún no encuentro un lugar tan grande donde guardar tu recuerdo desvanecido, pues el olvido está matando la memoria… Quiero cruzar el océano desde los andes y escapar de esta tristeza que destrozaría la espera más larga que te he ofrecido.
Vi tu imagen luminosa en el sendero, antes que te marcharas de la gran sabana. Ese sendero, que con tu rostro iluminaste, aún espera ser recorrido por el otoño venidero, las palmeras y flores insisten en llamarte…
Ojalá aparecieras de repente frente a mi ventana.