Hola a todos, gratos lectores. Ya que han pasado a ver lo que hago, agradezco que no se sometan a la inclemencia del tiempo y miren un poco más de lo primero que observen; los invito a que vean y comenten (si quieren y les gusta opinar) no sólo el o los primeros textos: al final de la página y en los principios de este blog también hay algunos buenos escritos.


18 de septiembre de 2016

Todos los días pienso en ti

I.D.


Aún no he podido abrir los ojos
desde el día que tu partida fugaz
cubrió todas estas montañas
y mi vista se oscureció en despojos
de memorias, sentidos y engaños
mientras tu ausencia recorría toda la faz.

Aún no encuentro un lugar tan grande
donde guardar tu recuerdo desvanecido,
pues el olvido está matando la memoria…
Quiero cruzar el océano desde los andes
y escapar de esta tristeza que destrozaría
la espera más larga que te he ofrecido.

Vi tu imagen luminosa en el sendero,
antes que te marcharas de la gran sabana.
Ese sendero, que con tu rostro iluminaste,
aún espera ser recorrido por el otoño venidero,
las palmeras y flores insisten en llamarte…

Ojalá aparecieras de repente frente a mi ventana.

7 de julio de 2016

Amor y rosas

Cuando se es feliz
no se vive el tiempo
y los años son horas
más breves que el silencio.
Cuando estoy aquí,
las penas no las siento
y tus brazos me separan
del trabajo, de mis libros
y de ese mundo enajenado
en que sueño y pienso.
Mirar tu sonrisa que enamora
y acariciarte toda
es la contrapartida de mis penas.
Pensar en tu suave piel morena
es traer la alegría hasta mi alcoba
es superar el tiempo de la espera...
mi soledad perturbadora.

Es vivir de nuevo...
como si el amor corriera por mis venas.
Es olvidar el frío del invierno,
la tarde larga de tristeza,
las noches interminables en soledad
que me hace vivir en mi propio infierno...
el tiempo lento y arrastrado
que demora tu regreso...
que me pone a soñar todas las cosas
con el único fin de que otra vez
pueda pasar mis horas a tu lado,
pueda besarte, abrazarte...
y darte rosas.

18 de febrero de 2016

Desde Antes

Cerré mis ojos un tiempo,
los soles en tu vista
iluminaron mi oscuridad,
aún no olvido tu brillo.
He soñado contigo anoche
y creo que mucho antes.
Bajo tu voz me sentía
en un lugar conocido,
mis pensamientos y los tuyos
fueron iguales muchas veces.
Jamás experimenté tal felicidad
a pesar, incluso, de las lágrimas.

“Así debe ser” susurraba
inconsciente mi mente
y todavía no comprendo
este sentimiento tan completo.
La paz sentida al admirarte
me regocija de orgullo
y tu belleza no cupo en esta ciudad.
Mis más lejanas metas
son la distancia hacia ti;
tan cerca estuviste de mi
y pienso que son años nuestra distancia.

¿Puede el mundo ser tan pequeño
entre dos ojos que se miran?
¿Pueden los años conservar
las ideas en dos cuerpos?
¿Pueden tus ojos tener el brillo
mismo de la primera vez…
muchos años atrás?
Nunca antes una mirada
me penetró más profundo,
nunca antes unos labios
pronunciaron mis ideas,
nunca antes unas manos
apretaron mi fragilidad,
nunca antes un cabello
ahogó mi llanto apasionado.
Nunca conseguí ver más allá
de la belleza y la perfección,
nunca antes vi el amor
a través de las palabras,
las ideas, las memorias.

Cerré mis ojos un tiempo
y supe que jamás olvidaría
el rostro que yo mismo creé
con palabras, con historias.
Tu rostro apareció la primera vez
en un sueño enrevesado
y desapareció tras otro sueño fugaz.

Así debe ser,
cerraré mis ojos un tiempo.
Así debe ser,
sé que reaparecerás después.
Así debe ser
y mis sentimientos no cambiarán
pues no nacieron en mi interior.
Este sentimiento así debe ser
desde que nos encontramos
quién sabe cuántos años atrás.

12 de septiembre de 2015

De Regreso


Volví a nacer, según escuché decir en otro mundo.
En mi juventud he caído de muerte varias veces,
mas esa última del final estuve cerca por segundos
y sentí que una corriente me empujó a nuevos goces.

Se entiende que la naturaleza puede alterar el interior,
y los bosques, el mar y las piedras marcaron mi sangre;
o, acaso, fueron la mujer y el amor y el misterio
que dentro de mi creció, por qué mi futuro casi arde.

En el cuento, como en la vida, sólo el principio es claro;
y en el nudo, como en la juventud, la historia cambia:
si el desenlace se apresura se hace necesario aceptarlo
y cambiar el final sin extraer del personaje su esencia.

Si supiera cuántos días tengo antes de este final,
dejaría sólo el último para llorar y dormir…
Ahora, supongo que, entiendes mi doctrina 
de arriesgar, amar y vivir como lo hago por ti

11 de agosto de 2013

El Escritor


Si lo ves de nuevo y no lo reconoces,
si lo escuchas contar mil y un historias,
recuerda que ése, desde hace meses
ha vuelto a ser un escritor con euforia.

Puede contarte en cien líneas un segundo,
puede dejar pasar el tiempo dentro del cuento,
puede hacer que viajes con él por el mundo
y, a veces, puede exagerar, pero no miente.

Ha vuelto como escritor, del mar, el calor y la pobreza,
ha repasado su sangre por la música y por la nieve
y aunque él es muchos hombres, en todas sus proezas
tu nombre siempre está y eres lo que su poesía mueve.


Ahora que lo verás otra vez, acuérdate bien:
no es sólo poeta o bohemio; más allá del arte,
tiene otras profesiones, casi unas cien
y en todas tu compañía es su mayor estandarte

16 de mayo de 2013

Hace falta un beso



-¿No te hace falta un beso a veces?
-Sí, claro… Sobre todo cuando estoy aquí encerrado.
-¿Dónde?
-Entre mis pensamientos y entre la distancia entre tú y yo.
-¿Por qué te encierras?
-Porque estoy solo.
-¿Solo?
-Solo y contigo. Estás en el fondo de todas mis acciones, de todos mis días.
-¿En el fondo?
-Sí, en el fondo, en el color que le da vida a todo lo que está encima.
-¿Cómo un dibujo?
-Como las líneas de un dibujo, sin ellas no habría un mundo para ver.
-¿No te hace falta ver más?
-He visto mucho, quiero ver más, claro. Quiero verlo con tu verde en el fondo.
-¿Mi verde?
-El verde de tus ojos, el verde de la ilusión, el verde de los viajes, el verde del licor, el verde de tu piel…
-¿No te hace falta un beso?
-No, si acaricio tu piel. No, si tengo tu recuerdo. No, si es tu voz la que me mueve. No, si estás mirándome.
-¿No te hace falta una beso?
-Sí, claro. Sobre todo cuando estoy solo.
-¿Lo estás?
-Tú estás conmigo. Lo sé. En tu mente hay besos en cada esquina, hay sueños cada amanecer, hay un recuerdo siempre y está mi voz que siempre te escribe.
-¿Y si siempre estoy contigo?
-Si estás conmigo, me hace falta un beso… Me hace falta sentir que estás conmigo.

-¡Bésame! –Le dijo acercándolo con su dedo índice, haciéndole una sensual provocación hacia su boca.


16 - V - 13

7 de mayo de 2013

No te dejo ir sin mi amor



Como no saldré mañana del valle
si no es atravesando la sierra,
no saldré de tu corazón sin la tierra
que me cubra el alma y me calle.

Como no esconderé mis palabras de ti
si no hasta escuchar “Sí” de tu boca,
hasta que un beso tuyo llegue a mi boca
no esconderé el brillo de mis ojos por ti.

Como no podré evitar de ti enamorarme
si no hasta descansar en tus brazos,
hasta que no tengas más camino que mis trazos
no podré evitar en a enamorarte entregarme.

Como no dejaré de subir las piedras
si no hasta caer hacia el vacío,
no dejaré de escribir en tu piel letras
que no se borrarán con el eterno frío.

«Como no dejaré la poesía,
si no es por más que amor,
a ti también, mi alegría,
no te dejo ir sin mi amor.»

14 de abril de 2013

Valentía


¿Dónde pude haberlo olvidado
o dónde, fuera de mí, lo escondí?
¿Dónde pervive, lejos de mi lado,
lo que fui y con poesía aprendí?

En esa noche, toda la sensibilidad,
que por mí pasó, se quedó agotada.
Un parpadeo me aminó la habilidad
de poder expresar cada corazonada.

Si te encuentro, lo juro, mi Valentía,
te junto a mi cuerpo como la piel,
te obsequio a Ella y a su amor fiel.

No habrá una noche sin su día
en que mi boca no sienta su miel
y tras su sonrisa vaya con Remiel


9 de abril de 2013

Guárdame



Mi calma,  con amor, te pido al andar:
arráncame la sonrisa con que río,
arráncame la piel en el frío,
arráncame los ojos en la noche,
arráncame un suspiro sin reproche,
arráncame las manos o lo que quieras,
arráncame el pecho y las piernas,
arráncame la boca suavemente,
arráncame mis recuerdos en tu mente,
arráncame los brazos para que no te vayas,
arráncame los pies en esta playa,
arráncame todo, sin alguna razón,
arráncame, pero sobre todo, el corazón,
que contigo no sería arrancar, sino guardar.

17 de marzo de 2013

Tu Esencia



¿Cuántos días pueden pasar
para desatar los nudos de sentimientos?
¿Cuánto unos labios, agotados
de esperar, pueden soportar?

Si se han congelado tus brazos,
deja que tu boca rompa el hielo;
si han enterrado hondo tu corazón,
otros ojos lo elevarán al cielo.

No hay días, meses o años
que puedan esfumar tu esencia,
si has sido al romanticismo, lo serás
y todos los besos que desees, tendrás.

15 de marzo de 2013

PINTAR EL DESPERTAR


  
La pintura estaba recién terminada. Hace unas horas, el lienzo estaba totalmente inmaculado y vacío, dispuesto a cualquier imaginación. Ahora, que ya ha pasado más de medio día, la noche viene acercándose amenazando con truenos y una gran niebla que devora los más altos, brillantes e imponentes edificios del centro de la ciudad. El mar, en los pies de las montañas, se llena de sombra y frío; las cimas de las montañas sobresalen de las nubes, muy altas. El lienzo ya no está blanco. Hay en él un mar congelado con trozos de hielo gigantes que pueden verse en el frente, flotando en el agua; en el fondo, sobre el horizonte, no se ve nada, apenas oscuridad, como si el mar terminara allí, tras la sombra del sol. En mitad del plano, en un brillo de sol reluciente, a pesar de la lejana oscuridad, hay un bote navegando errante entre los témpanos de hielo. Se ve a la derecha de la pintura el fin de una gran montaña que rodea el paisaje visto. Es una montaña rocosa, altísima y difícil de sobrepasar, pero está destrozándose, una gran caída de piedras ocurre en el borde, rompiendo hielos y sumergiéndose en el mar. Algunas piedras pueden verse bajo la superficie y un gris oscuro distorsionado y casi circular yace debajo de una gruesa capa de hielo ubicada justo al lado del bote. El mar parece, por lo menos hasta este plano, tener para el bote una ruta muy peligrosa, con cubos de hielo y rocas que agitan las olas con cada golpe. El bote es grande y tiene pintadas muchas siluetas de personas que disfrutan el viaje. En la popa, hay una pareja con copas en la mano. Ella la tiene en su mano derecha, mientras, recostada sobre las varillas, descansa su mano izquierda en su delgada cintura. Él, con mejor postura, lleva su copa a la boca. En babor, el único lado que puede verse alrededor de la estructura central, se han pintado diminutos y sin tantos detalles personas saltando, otras bailando, otras sentadas en el piso. En una de las ventanas de la estructura central, se ve un rostro de mujer, se ve uno de sus ojos, mirando hacia atrás, a las montañas. El andar de la nave deja en el agua una estela que se abre con mucha espuma, mezclada con los arcos circulares de las perturbaciones de las olas. En los últimos planos, en el frente del bote, sólo hay agua, más tranquila, más azul, sin hielos. Y también aquí, en el cielo, una niebla muy fuerte se ha apoderado del brillo y va creciendo hacia el fondo hasta juntarse con la oscuridad en la nada del final de la pintura.

La pintora es una artista joven que tiene una exitosa exposición en el museo de historia del arte de la ciudad. Los visitantes murmuraban halagos y todos se sorprendían por la pintura del bote. Es simple, no tiene tanto color, ni muchos elementos, sin embargo atrae la atención de todo aquel que pasa en frente. Es como si las olas estuvieran moviéndose, dicen algunos. Otros aseguran que, aunque las siluetas no son tan notables, parecieran caminar y hablar, incluso, ver fuera del cuadro. Había muchas otras obras en la galería: una pintura de una masacre en una selva, parecía una fotografía reciente, la sangre y el dolor podían verse por igual, había también una pintura muy realista de la luna con prominencias de fuego blanco, otro cuadro, a la izquierda del salón, mostraba un remolino que se levantaba sobre el mar, el viento y el agua se mezclaban en el alto ciclón para arrasar peces, hojas y hasta basura de la superficie. Esta  última era asombrosa. La pintora había desarrollado una técnica en la cual los objetos, con efecto de movimiento, crean una ilusión de cercanía hacia el vidente.
Pero ninguna pintura podía asemejarse a la del bote en medio del mar. El horizonte de esta pintura atrapaba las miradas de los visitantes. Cuando la prensa le preguntó a la artista sobre el cuadro, cómo lo titulaba, cuándo lo había empezado, cuánto tardó en realizarlo, en qué se inspiró, cómo pensaba que sería calificado, entre otras preguntas, ella respondió:
-Una noche me desperté con esta imagen en mi mente, entonces empecé a hacerla realidad. Fue hace cuatro meses. Esta es la única pintura en la que no he corregido detalles, luego de terminada, a la semana o al mes. Pinté toda la noche, todo el día, sin parar un minuto, fue como si mi cuerpo y mis manos me hubieran pedido seguir con el pincel sobre el lienzo. No tenía más ideas en mi cabeza que está imagen. ¿Qué me inspiró? No lo sé, como dije, simplemente desperté con este paisaje en mi cabeza y era como una película, veía derrumbarse la montaña sobre el agua, veía la cordillera que encerraba el mar, pensaba, entonces, cómo había podido llegar ese barco a ese lugar, quién navegaba allí, a dónde se dirigía, escuchaba la música en el bote, las olas golpear las montañas y las rocas chocar entre sí mojadas en la orilla. Sentía la brisa proveniente del oscuro horizonte. Quería expresarlo todo, pero los sonidos no pueden pintarse y la imaginación tiene que volar muy alto para llegar a este lugar. Entonces la titulé Pintar el despertar.
Todos los asistentes la ovacionaron con mucho entusiasmo por sus plausibles palabras. La algarabía era toda una euforia por tan grande muestra de arte. Y en medio del ruido, de las voces altas, de los aplausos, la pintora despertó otra vez.

En su casa, justo al mediodía, era extraño que todavía estuviera durmiendo. Siempre madrugaba y aprovechaba las primeras luces del sol para pintar. Trató de recordar el sueño y lo consiguió con gran perfección. Recordaba el salón de la exposición, la ubicación de los cuadros con exactitud. Estaba de nuevo en ese lugar y se detenía a mirar las pinturas con gran atención. El remolino en el mar, la masacre en la selva, la luna moviendo sus prominencias. No había pintado nada de eso realmente y pensaba cómo podía haberlos hecho, si fuera posible, si había algún significado para ese sueño. Con los ojos aún cerrados, recordando, caminó en el salón hacía el cuadro donde se encontraba el barco perdido en el mar y recordó lo que les decía a los periodistas. -¿Habrá sido esta mismo noche cuando soñé esto o lo soñé mucho antes? ¿Cómo pueden conectarse ambos sueños, donde vi el paisaje y donde expuse?-.
La pintora decidió tomarlo como una señal. Fue a la cocina y tomó vino, luego fue a la ducha y allí tardó observando su cuerpo mientras el agua hacía su labor. Salió del baño con su cuerpo y mente refrescados y como no tenía planeado salir ese día, simplemente se puso una bata y pintó.

Consiguió pintar su gran obra maestra. Tenía en su mano derecha la paleta con no más de siete colores: azul de Prusia, gris vegetal, amarillo ámbar, negro, marrón medio, blanco nieve y un rojo granate. Era increíble como mezclaba azul, gris y un toque de marrón para pintar el agua. Era como el sueño, su mano simplemente se dejaba llevar por el pincel y no se detuvo en todo el día. Para pintar la montaña juntó cuatro gotitas de pintura roja con una pincelada de marrón y algo de ámbar. Pintó detalles en azul, que se mezclaba con el amarillo, para crear una extraña y mágica vegetación. Cantaba mientras pintaba y escuchaba el lienzo salpicarse de agua, susurrar con el viento, hablar y gritar. Veía las olas moverse, cada vez las sentía más fuertes. La pintora parecía estar creando un nuevo mundo, no pintando. ¿Podría Dios haber hecho algo similar aquí, pintar esta naturaleza, darle vida, magia y no haber vivido en ella? Nunca se había visto alguien que pudiera pintar tan bien estando tan elevado en sus pensamientos. Sus manos parecían tener vida propia, tener ojos, oídos y alma. Se movían como bailando sobre el lienzo la música de los colores y del paisaje. Untó la brocha de blanco nieve, un poco de azul y gris y pintó trazos de hielo sobre el mar, sumergiéndose, yendo hacia el horizonte. Empezó a ver la oscuridad saliendo del cuadro y prefirió apresurarse a terminar pues pensaba que era algún síntoma de cansancio, tal vez. Parpadeó repetidamente y apretó sus ojos con mucha fuerza. Cambió de pincel y con una mezcla entre el rojo granate y el marrón pintó el bote, dibujaba resquicios negros entre las tablas, ponía gotas de agua sobre sus maderos, pintó una ventana brillante en la cual se alcanzaba a vislumbrar, a través, una mujer sonriendo, y sobre la cubierta una pareja riéndose. La pintora los veía, los sentía moverse y tocarse, los sentía pintarse solos. Pensaba quiénes podrían ser, si existían, si vivirían un día o si son muertos y está pintando almas. Escuchaba las conversaciones, la música, todo lo que emitía la pintura, pero ella no pensaba nada extraño. Su mano simplemente pintaba más rápido. Ubicó en el barco unas cuantas personas más, pintó una fiesta con vestidos y danzas. Sobre el cielo azul que había pintado al principio, colocó, con el blanco, algo de brillo en el frente, como si el sol fuera benevolente con este mundo. Vio como la oscuridad quería tomarse la pintura y selló con el negro y con el marrón el horizonte. Mezcló el cielo azul y esta oscuridad, en el fin del mar, en el fondo de la pintura. Fue como si esa oscuridad le gritara, se le acercara.
La sensación del fin despertó a la pintora otra vez. Abrió los ojos y observó todo a su alrededor, sus manos estaban sin color, blancas como la luz, ella estaba desnuda y caminaba en un salón dentro de un barco. El sol brillaba como nunca e iluminaba su rostro. Se acercó a la ventana y vio una montaña en frente, encerrando el mar, piedras chocando en las olas y el barco navegando hacia el fin. La pintora regresó la mirada y, tras ella, había pasado una enorme oscuridad. Finalmente sintió que no despertaría otra vez.

31 de enero de 2013

El Sueño


Confieso sólo un sentimiento,
lo demás ya es claro:
apreciar el cielo en tus ojos,
un temblor a tus pasos,
derrotar el miedo arriba tuyo
y no caer hasta agotar el corazón,
alrededor de tu alegría moverme
y volver al pasado, no son sueños.

El valle más brillante,
la nieve más cercana,
el olor de los cipreses,
la montaña más apacible,
los buenos pensamientos,
el viaje más largo,
no se comparan con la felicidad
de soñar contigo el verdadero sueño.

Puede tu compañía sacarme del mundo
más yo lo único que deseo, lo confieso,
es hacer realidad el soñado beso tuyo

19 de noviembre de 2012

Examen



Mañana cuando despierte quisiera no verte más.
Quisiera regresar al lado de aquélla otra vez,
aquélla que me dio toda su belleza sin interés,
su estética, su experiencia y toda su sinceridad;
aquélla a quien mi corazón nombra hoy todavía
cuando estoy siempre bajo tu ligera presencia.

Regálame la novela de nuestra historia,
devuélveme el motivo de acompañarte al final,
acompáñame a comprar la nueva historia.
Quiero que veas cuán lejos estoy ahora de ti
y que sientas la impotencia de no poder subir
y observar la belleza de un horizonte más frágil.

Quédate esta noche conmigo y luego no vuelvas,
vete muy lejos, vete y aprende a elogiar,
aprende como subir a los hombros de los demás
(y luego vuelve y comprende que ya no cuentas)
y luego vuelve y quédate todas las noches conmigo.



17 de octubre de 2012

ALTAR



Desde la sombra de la serranía
yace mi cuerpo y crece hasta la cima;
así, desde lo profundo de mi memoria
crece la ilusión de regreso de tu compañía






Cientos de años atrás, aquí te traje,
aún recuerdo las vueltas que dimos para llegar.
No, no es que sea esta vez el mismo viaje:
allá, en el alto, si subes, estará el altar




Preparé dos sorpresas junto a la bruma.
Uno, un anillo de flores para el matrimonio;
dos, una sábana negra que tu olvido cubra…
Si lo logras, te encantarán las flores de otoño.



24 de marzo de 2012

Hola, soy Andrés

Hola, soy Andrés, soy Andrés, soy Andrés. Me gusta escribir porque siempre me ha quedado bonito cuando lo hago, pero cuando venga un mensajero de tu parte a decir lo que quiero escuchar... entonces gritaré, y te maldeciré cuando me digas que esa fue toda la verdad, porque para mí fue diferente; y esa tuya que crees, para mí es la mentira que te dije ayer que no era mentira, igual no estoy arrepentido de lo que te hice, lo volvería a hacer: ¡lo que me da la gana!, igual siempre lo había hecho sólo que tú me quitaste la gana y la remplazaste por aborregamiento simple, sin mucho compromiso. Es como dijo mi abuelo: “haz lo que quieras, pero tráeme mi botella de vuelta”. -¿Otra vez la misma vuelta? Pero si ya la hemos dado trescientos sesenta y cinco veces, estoy cansada de seguir dando la misma vuelta una y otra vez-. Cuando me bajé de la rueda gigante, estaba mareado de ver tu cara tantas veces y me vomité porque me asqueó tu comportamiento, todo lo que haces sin pensar y todo lo que piensas sin hacer, ¡deja tus arrepentimientos! los que me imaginaba en la fogata, quemándome los brazos y golpeando a mis amigos, hasta que desperté sin que tú lo hicieras, solo en la oscuridad, con tu imagen medio iluminada por una débil y fría luz de luna menguante así como estaba la barriga de mi hermano cada vez que el tiburón mordía más y más sus extremidades inferiores.. ¡y tus miembros superiores! que se creen mejores solo por estar más arriba, como si la posición los hiciera menos inútiles consejos que me diste cuando estaba demente porque causaron tu muerte, yo no quería, pero tú te apuñalaste porque no soportabas vivir más siendo una borrega, siguiendo a todos, dando las misma vueltas, con los mismos errores en las caras de los marranos que, miedosos por no poder defecar, se mataron entre ellos para parecer residuos, sólo basura, lo que quedó de lo poco o nada que eras, una vida sin sentido, sin rumbo, y giraste tanto que otra vez vomitaste y mis gallinas te picotearon la boca y te abrieron los cachetes por ensuciar mi cama y dañar el desayuno de mi mujer.

16 de enero de 2012

Rima a la imaginación

¡¡¡¡Bienvenido 2012 y todo lo bueno que traiga!!!!


Cada minuto te veo y cada día te escucho.
Aún lejos, aún tarde, yo siento tu voz
y desde lo más hondo, yo te extraño mucho.
Te pido: ven mi amor, dame hoy tu luz.

No puedo alegrarme sin tus sonrisas
y si la noche no tiene tu nombre,
me aseguró de poder soñar tus carismas
pues te sigo como la sombra al hombre.

Si veo tus ojos brillar como el sol,
veo tu ser intentando florecer alto.
¿Qué criatura en el universo el control
tiene como tú, de volar a grandes saltos?

No hay nada, nada que pueda apreciar más
que sentirte entrando en mi vida, dándome
utensilios especiales para ir más allá
y estar a tu lado, con tu voz iluminándome.

15 de diciembre de 2011

Sentidos

Tengo ganas de verte,
como al sol que me despierta,
como a las luces en la noche.

Tengo ganas de olerte,
como a los jardines de flores,
como al café cuando quiero más.

Tengo ganas de tocarte,
como a la arena del caribe,
como al piano en soledad.

Tengo ganas de escucharte,
como a los vientos del sur,
como a los sónidos oníricos.

Tengo ganas de hablarte,
como cuando se evocan besos,
como a la soledad: ¡libre!.

Tengo ganas de recordar,
como ser un pensamiento tuyo,
como ver un arcoiris en tu piel.

Tengo ganas de cerrar(te) los ojos,
como imaginando bruma en el aire,
como sintiendo desde las células.

Tengo ganas de expresarme,
como ante las alturas y
no quedar con nada adentro.

11 de diciembre de 2011

El corazón de un hombre

Se dice que dentro de los corazones hay un mundo, un mundo de sueños y sentimientos; un planeta, que en el corazón de un hombre, se estremece cuando siente orbitar cerca el corazón de una mujer.
Hubo un planeta de esos, que era pequeño, pero soportaba muchas fuerzas femeninas en su atmósfera. Ahí vivían la compasión, la paciencia, el amor, la soberbia y la inocencia. Y en este lugar, pequeño como una casa, con estos seres, naturales como animales, existe una gran historia.
La inocenia fue la primera en salir. Fue al río y allí vio, sobre el horizonte, como una estrella enorme se escondía tras la cascada. La joven y tierna inocencia se emocionó tanto al ver tal maravilla que olvidó su baño y sus juegos en el agua y se devolvió corriendo a la casa de la paciencia.
-¿Qué es? ¿Qué es? -le preguntó emocionada.
La paciencia le acarició el rostro amablemente, con comprensión.
-Cálmate. Dime. ¿Qué viste?
-Una estrella. Era muy grande. Cayó por la cascada. La vi. La vi. Era roja y volaba muy rápido.
-No es así -le decía riéndose la señora Paciencia-. En el fondo del río, allá abajo, seguro que no vas a encontrar nada.
-Entonces ¿qué es, señora Paciencia?
-Tranquila, niña. Ya lo averiguaremos.
La inocencia, que confía siempre en los demás, esperó como le enseñó la paciencia, hasta que ésta le dio una respuesta.
Pocos días después, la señora Paciencia llamó a la joven Inocencia para anunciarle del impresionante descubrimiento que había hecho. Le dijo que la estrella que había visto esconderse sobre el río no era más que un corazón de mujer que se acercaba caliente, como un asteroide, hacia su planeta.
La inocencia estaba tan entusiasmada creyéndose un ser especial e importante. Pensaba que ese descubrimiento le marcaba una admirable vida. Se sentía increíblemente satisfecha e imponente. Su alegría no se comparaba con ninguna hasta entonces en ese mundo. Se fue brincando y cantando por el bosque y ahí se encontró, en una montaña, a la belleza, un joven atlético y muy cortés.
Pues juntos estuvieron siempre y como ya es bien sabido, la inocencia es la madre del amor. Pero aquí vemos que el padre es Belleza y que el amor nació por la aparición de una mujer en el corazón de un hombre aconsejado por la paciencia.


El planeta de la mujer seguía orbitando el corazón del hombre y cada vez que pasaba sobre el río, el amor sonreía; cuando se escondía detrás de la cascada, éste se lanzaba al agua a buscar la luz en el fondo. El amor creció siempre entre la inocencia y la belleza. Sin embargo, nunca nadie entendió el porqué del sorprendente gusto del niño por esa estrella roja que volaba sobre el río.
-Las estrellas no vuelan, hijo mío -le decía Inocencia recordando lo que Paciencia le dijo en su juventud-. No vas a encontrar nada en el fondo de la cascada.
-Entonces, ¿qué es?
-Esa estrella que vemos, hijo, es otro planeta, como éste. Sólo que ése es de una mujer. Ahí habitan sentimientos también, como aquí. Pero creo que no podrás conocerlos.
El amor se mantenía triste por esas épocas, pues quería conocer ese lugar; esos seres le causaban gran interés. Echaba y echaba, como rocío a las flores, pensamientos y plegarías al cielo. Creía, como su madre, que un ángel las escucharía y las llevaría a ese corazón. Todas las noches, a la orilla del río, viendo enamorado la luz roja reflejarse en la corriente del agua e iluminar las piedras, rogaba que alguien en ese lugar pudiera escuchar su voz.
Una noche, muchos años después, llegó al río una mujer vestida de princesa. El amor se sintió muy atraído por su aroma.
-¿Quién eres?
-Mi nombre es Compasión.
-¿Qué hace un ser tan elegante a esta hora, en la orilla del río? Es peligroso.
La compasión, que sabía lo que sentía él, le dijo que le gustaba mirar el cielo en la noche. La estrella roja también le intrigaba.
-Entonces, ¿por qué nunca te había visto? -le preguntó.
-Te he visto arrancar la arena de ese lado del río con tus pies hace ya muchísimas noches. He sido algo discreta, pero hoy quise acercarme a ti.
El amor se unió esa noche con la compasión. Se olvidó de rogar a los ángeles que alguien en la estrella roja pudiera sentirlo. No volvió a sentir la curiosidad ni la tristeza, al esconderse la luz detrás de la cascada, de esos tiempos. La compasión era tan sensual que el amor se dejó llevar por su apaciguamiento. La compasión engañó al amor haciéndole creer que otro camino era el correcto. Gracias a ella, el amor conoció a la soberbia.
-Ven -le decía la soberbia tentativamente al amor-. Con nosotras, descubrirás todo este lugar. No tendrás que volver a mirar el cielo en las noches.
Desde ese momento, el amor se perdió por la compasión y la soberbia. La compasión hizo que el amor se desilusionara de aquel corazón de mujer y la soberbia lo escondió.


La inocencia extrañaba el amor en su hogar y comenzaba a angustiarse.
-Busca a nuestro Amor, por favor -le pidió a Belleza.
Mientras tanto la inocencia fue a contarle todo a la paciencia y ésta le calmó prometiéndole que la encontraría y que volvería a su casa.
-Nuestro hijo no aparece, Inocencia. Encontré sus huellas en el río. Iban acompañadas por las de otro ser -se angustió mientras trató de comprender lo sucedido para dar con algún lugar.
-Calma, dulce pareja. La señora Paciencia me ha prometido que traería a nuestro hijo de nuevo a esta casa.
El amor se encontraba prisionero en los terrenos de la soberbia. Parecía que ahí se iba a acabar. La paciencia y su fiel compañero, Sabiduría, fueron hasta su castillo, más allá del bosque.
-Soberbia, sabes muy bien que no puedes acabar con el amor y sus ilusiones -anunciaba la sabiduría, enfurecido pero sereno-. Engañaste a este joven y te aprovechaste de su debilidad. Ahora, déjalo libre.
-Ahora mismo -le siguió implacable la paciencia-. El amor debe ser libre.
La compasión había huido tras haberle entregado el amor a la soberbia. La soberbia, ahora sola, frente a la fuerza de la paciencia y la sabiduría, se vio derrotada y escapó del lugar, perdiéndose en el bosque.
La pareja cumplió su promesa y el amor regresó al hogar de la inocencia y la belleza.
El amor volvió al río y la estrella continuaba surcando el cielo. Él volvió a rogar por ser escuchado en aquel planeta. En la tarde, se acercó un ángel y mientras se sentaba a su lado le dijo que alguien lo había escuchado y que, como él, había sufrido por encontrarlo. Lo levantó de la mano y lo abrazó de la cintura para volar con él fuera del mundo. Ahí le mostró al ser que lo esperaba, un ser femenino, hermoso, irresistible. Su nombre era Felicidad

Aún en esta época, fuera de esos dos corazones, pueden verse juntos al amor y a la felicidad, sonriendo siempre e iluminando las noches. El ángel se quedó con ellos, inspirándolos a seguir unidos eternamente. El ángel se llamaba Frenesí.

14 de noviembre de 2011

A la belleza

Quiero permanecer en tus ojos,
estar alumbrado en el mundo
de tus púpilas eclipsadas,
recorrer los caminos de tu rostro
y escalar con caricias tu nariz,
y caer en el deseo de tus labios
que son como las flores en tu cabello.
Describir con mi lápiz tus mejillas
y tu cuerpo feliz sobre las rosas.

El viento mira tu piel y tiembla,
y el sol, si te escucha hablar,
se enloquece de calor y yace en tu pecho,
que es el hogar de mi tentación.
Mi frágil vista es perturbada
por tu cintura desnuda que corta el tiempo
en cada melódico paso con que pisas mis recuerdos
como bailando con mis ilusiones.

Persiguen, a lo lejos, escondidos,
mis ojos a tus piernas (mientras
pienso en el amor viéndote caminar)
buscando descubrir tu belleza que
se apresura a volar sobre mí
y descansa en las noches en mi cama
para despertar mis sueños
e ignorar la mañana.

Las letras en tus manos
se sientan en mi mente
a cantarle a tu belleza,
y me llevan a escribir
mi poesía desde hace tiempo.

6 de noviembre de 2011

Hay algo más allá de la oscuridad y el desaliento, más allá de la melancolía y los recuerdos; hay una luz. Es una tenue luz atractiva y brillante, pero lejana. Mas, si se va acercando, ¿qué hacer? ¿Huir o tomarla?

Si huyes, te quedarás ahí viendo la soledad, la tristeza tocará para ti todas las noches lúgubres sonatas con voz desgarrada y temblorosa. Si huyes, no verás más luz en mucho tiempo. Quizás, enceguezcas cuando vuelvas a verla, quizás haya luz y no la veas, quizás no quieras verla. Si huyes -como la flor marchita- sólo mirarás tu interior, ignorarás toda la belleza que aún no has visto y olvidarás todo el mundo que te apasionaba. Pero si huyes, podrás crearle infinitas historias y podrás recordarla por siempre, no habrá nada para dejar de amarla.

Sin embargo, ¡oh! No está aquí y no pasará cerca. No sabrá tampoco de tu refugio y de lo que haces. ¿Por qué amar a alguien que no sabe que lo haces?... Sí, lo sabes y yo sé que es difícil intentarlo.

Tómala. Tomarás la luz y la guardarás entre tus manos: le darás forma, o tal vez lo haga sola y se muestre para ti. Quizás tenga ojos, sabor, piel y alma como aquella poesía pero ésta es sólo luz para tus ojos, voz para ese silencio. En este invierno que has creado, en ese abismo descubierto entre esas paredes, esta luz logrará entrar. Debe ser un misterio, debe ser una señal, pero te iluminará. Hay algo más allá de esta pesadilla construida por ti, hay belleza y magia que aún pueden cubrirte, hay una puerta que puedes abrir para abrazar un nuevo mundo. Pero si tomas esta luz, ¿la olvidarás o estará siempre en tu mente? Esa oscuridad es maligna y sé que no quieres permanecer ahí mucho tiempo, pero tampoco quieres olvidar.

<<¡Ay! Luz tenue, brillante y atractiva luz, por favor, sácalo de allí y guíalo de nuevo a aquí o a dónde debas llevarlo>>

26 de octubre de 2011

Increíble


Increíble no es el mundo más allá,
es el brillo lunático en unos ojos.
Increíble es saborear la miel
donde sobra el licor y las letras,
increíbles los sonidos en la imaginación,
increíble ver colores en la oscuridad.

Increíble no es el desaparecer de los astros,
ni de la luna ni del índigo o el gris crepuscular,
increíble es descubrir el sol en un rostro,
en el silencio y en otros lenguajes.
Increíble cómo puede una hora convertirse
en un increíble minuto al entrar más allá.

Increíble no sentir miedo, absurdo;
increíble, pero, verlo al frente
y huirle sólo girando la mirada.
Increíble imaginar una noche perfecta
y más increíble tenerla en las manos
y cambiarla por la muerte y las cucarachas
y abrir un hueco en el aire
y guardar las imágenes en ese lugar.

Increíbles no hay personas o voces,
increíble una mano con vida propia
que acaricia y juega y no tiene memoria.
Es increíble el recuerdo pues no se ve,
es increíble por no repetirse.
Increíble tener que una historia inventar
para el olvido morir y nacer el futuro.

14 de octubre de 2011

Cielo

Ese cielo maldito e inerte
oye y ve todo en este mundo
y pasa inadvertido entre el pueblo

¡Escúchame a mí, por favor!
-No quiero tener que volar
y alcanzarte y golpearte,
y que abras los ojos y comprendas
que aquí abajo necesitan tu atención-.

Puede llover en cualquier instante,
puede secar la tierra un minuto despúes
puede derrumbar la naturaleza,
su amiga y compañera,
con su colosal voluntad.

¡Oh!, admirable y envidiable cielo
¡Escúchame a mi, te lo ordeno!
-No me hagas morir y odiarte;
pactar con el infierno una traición.
Puedo bajar al fondo y ascender
con la velocidad del pensamiento
y poseerte; tú, poseerme-.

-¡Mejor!, juntos tu y yo
caprichoso y ciego cielo.
Juntos podemos reinar:
traeremos vientos desde el norte,
desde el oriente y desde arriba
y entraremos en la sangre de todos-.

El cielo gris, a veces negro,
se ofende por mí y se enfurece.
Entonces, cuando de sus nubes
brota agua sucia y amarga
-como mis sentimientos por él-
es porque llora por mi odio.
Pero él, imperioso y canalla,
descaradamente nos ilumina
con su caluroso azul
a mí y a mi gente
cuando se siente ignorado.

¡Escúchame a mi una última vez!
-Hágamos un acuerdo.
Observa mi pueblo y cuentame
lo que mis ineptos ojos no alcanzan.
Yo haré plegarias para ti y al final
me sobrecogeré contigo para, con alivio,
controlar entre tu claro poder

1 de octubre de 2011

Esta noche es para bailar

Mira cómo sus pies te adornan,
acércate, la pista es sólo suya.
Ahí estás bailando solo,
esperando sentir sus manos en tu espalda.
“Tú, acaba con ese licor
y embriágalo con tus movimientos”:
quiere que caigas sobre él,
que bailen este fuerte ritmo,
que se bañen por la música.
¡Te das cuenta de los que los une!
No son tú y ella bailando,
es el tambor el que los mueve
los conecta;
el humo es donde se proyectan sus pasos.
La música nunca parará,
bailen más lento ahora,
sentirás su corazón descansando
y su mirada pedirte caricias.

-Tú sabes que el baile es como la poesía,
cada paso es un verso,
la rima está en el sincronismo,
la lírica en los movimientos.
Como amo la poesía, amo la danza:
es mi historia llegando al público,
es el arte en silencio,
dibujar letras en la tierra,
es hacer un cuento bajo tus pies.


¿Sientes el baile?,
¿sientes las palabras?
Escucha y déjate llevar de la sinfonía
que han creado.
Ustedes son la música:
ella el saxofón y tú el timbal
que vibra con cada respiración suya.
¡Y qué bien suenan!

-Yo también podría bailar toda la noche,
Pero ya no quiero solo.
“Ven, enséñame tus pasos,
Rompamos la noche bailando.
Vamos a convertir esta pista en un libro:
Tú tienes la historia y
yo la escribo sobre tu cuerpo
con la ayuda de estas notas…
si re fa sol do la mi do mi
do fa la re re sol si si la
sol fa mi re do la do…

Ya sabes,
cada nota es una palabra,
cada danza es un cuento.
No dejemos de bailar”

23 de septiembre de 2011

Confesión


Hablarte es, para mí, cambiar tu día con mi voz;
guardar el tiempo en lo más íntimo de tu memoria,
clavar la luz de tus ojos día a día en mi corazón,
escuchar de tus labios brotar la poesía.

No tiene precio, pero sería muy feliz mi alma,
si además, consiguiera tener algo más de ti,
si pudiera, la cobardía, ahogar en la mar
y anunciar que no hay nada me haga más feliz.

Pido al cielo que permanezca en tus mejillas,
que la noche cace para ti la luna nueva,
y en el invierno frío pueda yo abrigarte.

Podría con un día de verano compararte,
con la alborada más cálida y más bendita.
Pero eres única, eres un sueño y eres real.

15 de septiembre de 2011

Soledad

¡Ay! Soledad, siempre serás mía
El vacío ha vuelto a mi vida,
y mis recuerdos son todos de ti,
Soledad, siempre serás para mí.

Conocí la felicidad, al menos,
pero la tristeza es más larga.
Y pido, todas las noches, al cielo
que me mate o vuelva a verla.

Diré a la gente sobre la alegría,
sobre el amor, la belleza y los sueños.
Mas no podré olvidar que un día
todo existió, pero regresó la nada.

Tal vez sea la última noche;
o en maldición, tal vez no lo sea.
pero hoy o cuando sea el fin,
moriré contigo a mi lado, soledad.

5 de septiembre de 2011

... Y sé que las historias, que son parte de mí como piel que se deshace en las paginas y como sangre que queda en cada personaje, volverán a mí, como debe ser: las historias van al escritor que ellas escogen para ser contadas. Y justamente ha venido una historia a mí y espero tener el tiempo para contarla...

1 de septiembre de 2011

Memoria tres meses después


¿Por qué, repentinamente, siento que no soy yo el que está dentro de mí? Desde que te fuiste me siento esclavo de alguien que no reconozco, mi cuerpo es la cárcel de deseos y tentaciones que no encuentran sentimientos. Desde hace un tiempo, cuando prefería morir, los días no tienen gracia, no hay complicidad, no hay placer, no hay felicidad, murió una parte muy importante de mí y ahora ando por la vida incompleto, medio muerto, medio inerte, actuando por intuición, a veces por instinto, pero no por emoción ni por amor. Todo lo que conocía hasta ti se ha borrado: el mundo es diferente ahora para mí y he tenido que empezar a ver cosas realmente nuevas, he tenido que empezar a pensar diferente, a tener otros gustos, otros pensamientos, otras ilusiones. Nada que ver conmigo, con lo que siempre he sido. Pero, es cambiar de rumbo o seguir atado a un yo que ya no tiene salida, que se quedo encerrado en tus sueños y que sin ti, es mejor que desaparezca. En el fondo, siempre habrá un mismo yo, un mismo romántico, nocturno, solitario y visionario poeta, aunque se sepulte en números y costumbres y viajes innecesarios por lugares al azar hasta que ya nadie más pueda verlo; sólo tú que ya sabes que todavía podrías encontrarme en algún lugar.
¿Valdrá la pena permitir que algo más se apodere de mí y dejar hundida una parte de mí, que orgullosamente grita que no vive sin ti? Pareciera seguro que nunca más volveré a expresar tantos sentimientos con palabras, así como alguien entenderlos, como lo hacía antes.

29 de agosto de 2011

Oratoria sobre besos




Para mí los besos son como flores naciendo en mi rostro. El olor de sus labios me hacen sentir en un jardín, la suavidad con que me besa me da tranquilidad y cuando encuentro su lengua entre mis sonrisas es el cielo el que veo ante mí. No hay nada más excitante para mí que bailar salsa con su boca. Sólo de verla hablar, ver sus labios moviéndose, brillando, llamándome, sus dientes limpiando las risas, mi cuerpo me empuja a tocarla, a acariciar sus mejillas, a sentir su cabello entre mis dedos y besarla lentamente, dejando en cada segundo una parte de mí para que después me recuerde cada vez que me sienta en su boca.

Los besos son sentimientos conectados o deseos insatisfechos. De ambos besos he probado y ambos tienen atractivos sabores que quisiera repetir. Mas sólo unos besos logran cautivarme y encerrarme en un círculo de adicción: los besos calmados y apasionantes, que tardan minutos para empezar y que en un segundo se vislumbran, se acercan detenidamente y, luego de una mirada profunda, se esfuman en el silencio de los labios unidos. Besos como tal sólo he tenido uno. Algunos besos quedan marcados por años, algunos son recordados cerrando los ojos. Algunos besos hacen falta y otros no deberían terminar nunca.

Una vez besé una boca perfecta y sentí que había encontrado un nuevo mundo, una nueva luz. Pero tenía un beso que aparecía en todas partes, un beso que bajo el cielo de un mundo verde, me tiene atado a un alma volátil que camina entre las nubes sin rumbo fijo, esperando caer de las alturas y aterrizar entre mis brazos para que su boca poseedora se aferre a mí y me bese otra vez.

Sí, el beso volvió, y con él, todo un racimo de visiones que quiero obsequiar con flores, con arena y olas, bajo el sol y entre el viento. Ese beso, que siempre ha estado en todas partes, ahora está todo el tiempo y simplemente me gustaría tenerlo en el caribe. Ese sería el mejor de todos los besos que jamás he tenido, aunque no sean muchos y, ese, es el beso que me tranquiliza, me aromatiza de rosas los labios, me apasiona y me sonríe al final. Ese beso es para mí una señal, una señal de amor que aparece entre canciones y que desaparece en la lluvia, pero permanece en los sueños.

21 de agosto de 2011

Un deseo en la sabana

A través de una ventana,
mi cara, el sol acarició
y el brillo de la sabana
tu suave piel me recordó.

El calor de los helechos
me trajo tu primer beso.
No veo la hora de volver a ver
tu cuerpo en mi pecho.

Desde que te vi, un deseo
eres hecho realidad
y en lo grande del valle,
siento que puedo caminar con vos.

16 de agosto de 2011

Luna brumosa de hoy

Hoy vi la luna y algunas de las pocas estrellas visibles en el contaminado e iluminado cielo de Bogotá. Levantar la cabeza y perder mi ubicación terrestre observando las constelaciones en la noche y las formas oscuras de las nubes, es una actividad que me apasiona desde hace mucho tiempo. La luna se veía como pocas veces puede verse aquí: amarilla, brillante aunque brumosa y creciente; salía por encima de las sombrías montañas de los cerros nororientales de la ciudad y el cielo alcanza a pintarse de oro. Así es que vi esta luna esta noche y recordé unas letras escritas en un pequeño tozo de papel, muy adecuadas para esta noche. Quien las escribió era alguien demasiado importante para mí.

Luz de luna. Envuelta en espesa bruma.
¿La recuerdas? ¿Te es familiar?
Sé que sí. Es la misma luz de tus ojos,
la misma bruma de evasiones
cuando no debo escrudiñar en tu alma...
Y aún así lo hago.
Es por lo que vivo ahora:
encontrar el final de ese firmamento oscuro
en el que puedo descubrir mil planetas,
mil estrellas, mil sorpresas cada día.
Allí donde mis sueños y mis fantasías
se hacen realidad con los tuyos.

Cada día eres más perfecto... más para mí

5 de agosto de 2011

LA LEYENDA DEL HOMBRE CON EL CORAZÓN ROTO

En el pueblo se está escuchando que nació una leyenda. Que hace varios días se escucha a un hombre lamentarse y no parar de gritar en las noches. La gente dice que él lleva la marca de un corazón roto en el pecho. Dicen los más viejos que fue por causa de una mujer de la cual estaba enamorado desde que empezó a soñar, cuando la veía todas las noches en castillos o en barcos, incluso, la primera vez, la vio en un templo y, al despertar, muchos meses después la conoció frente a una librería, donde quedó grabado para siempre el amor en su piel. De ella, cuentan que inspiraba lujuria y paz, que en las noches su voz acariciaba las flores y que al amanecer siempre tenía una sonrisa en su rostro. Muchos hombres se enamoraron de esa mujer por mucho tiempo, unos supieron disfrutar su belleza y amabilidad; otros tontos ciegos jugaron a creerse únicos y perdieron sus recuerdos. Pero este hombre, según hablan, conquistó a aquella mujer una noche en que un brillo ingenuo brotó de su pecho y una mirada infantil y soñadora mostraba cuán profundo llegaban los besos que él sembraba en todo su cuerpo. No fue esa la única vez que él hizo sentir tan preciosa a ella, quien se hacía llamar Mara, pues en la cima de una montaña, con el sol anaranjado reflejando sus verdes ojos, él le prometió que no habría un día para no sentirse enamorada. “Todos los días te conquistaré y te enamoraré” le dijo esa tarde. Y a partir de ese momento, no hubo un solo día sin escuchar palabras de amor y ninguna noche durmieron separados. La gente en el pueblo afirmaba que él era un ángel y había venido a salvar la vida de Mara. Sin embargo él, que sólo era un príncipe –azul para Mara–, decía que era ella quien había salvado su mundo de la terrible soledad, pues nadie antes había visto en ella lo que él vio: una niña inocente y tierna, escondida bajo unos sensuales gestos, que cuando le sonreía, iluminaba el ambiente y lo hacía volar a un futuro lejano bañado de rosas y de años acariciando la vejez. Como todos los enamorados, tuvieron que luchar contra algunas fuerzas malignas que querían invadirlos, no sólo a ellos, sino a todo el pueblo también. Pero ellos eran valientes y mientras sus manos estuvieran entrelazadas no habría nada que les impidiera luchar. Complementaban sus capacidades y toda su fuerza era invencible así que nada pudo separarlos. Sólo ellos mismos podían hacerlo, pues no había nada más fuerte que la unión de sus manos. Aun así pudo romperse el corazón del príncipe y quién lo hizo, a pesar de todo, fue Mara.

No fueron suficientes las promesas que se hicieron besándose las manos. “Todos los días te amaré” solían decirse antes de dormir y soñarse mutuamente. El amor entre ellos parecía eterno, e infinito. Se escuchaba a los niños del pueblo decir que en sus calles nunca se había visto un aire tan brillante y nunca se había sentido un aroma tan dulce hasta que Mara y el príncipe se encerraron por primera vez en una habitación llena de pétalos y de versos sobre los cuales derramaron toda su pasión y todo su gusto, y permanecieron desnudos juntando sus pieles y sus sentidos escuchando las canciones románticas que ella cantaba para él y las poesías más largas y comprometedoras que él jamás haya escrito para alguien. Todos aseguraban que ellos seguirían caminando juntos por los jardines del pueblo, unidos siempre de las manos, hasta que la muerte llegara a acompañarlos en sus caminatas; muchos pensaban, incluso, que seguirían amándose en el otro mundo. Pero todas las promesas, todas las ilusiones, todos los sueños, todas las visiones que existían en el pueblo, todo desapareció un día cuando Mara no despertó con el príncipe. Un viejo loco en las afueras dijo haberla visto salir corriendo esa mañana y cruzar el puente sobre el río vestida sólo con su íntimo pijama. De ella nada se volvió a saber con certeza; sospecharon muchas causas, intentaron adivinar sus sentimientos y algunos supusieron faltas de buen juicio. Pero nadie, ni siquiera el príncipe, quien había vivido con ella los mejores años de su vida y creía conocerla muy bien, pudo saber cuál fue la razón de su partida.

El príncipe seguía encontrándola en sus sueños, más hermosa que nunca, siempre le seducía y le decía que quería volver, que extrañaba sus besos, su cuerpo, sus palabras. Él acariciaba su cintura tiernamente todas las noches mientras la besaba olvidando todo alrededor. Pero despertaba y se daba cuenta que Mara seguía lejos. Hubiera preferido no despertar todas esas noches y volver a vivir lo que en tiempos anteriores fue real. Mas el príncipe nunca perdió su esperanza pues escribía cartas y poesías que mandaba al río esperando que alguna vez llegaran a donde ella estaba. Se aferraba a pensar que Mara continuaba amándolo, que tan sólo había ido a buscar algo que no podía encontrar a su lado, pero regresaría y le daría una gran sorpresa cuando le mostrara el hallazgo y pudiera seguir queriendo estar con el hombre de su vida, quien había vivido en sus sueños y ahora era real, quien era perfecto para ella y a quien amaba todo de sí, hasta que dejara de soñar. Mientras tanto, él esperaba y en el pueblo decían que él era capaz de esperar ahí sentado, frente a su casa, hasta morir de amor, que nunca se pararía de ahí si no era con Mara a su lado. Y tuvieron razón, pues el príncipe dejó su alma ahí sentada.

Nadie volvió a escuchar al príncipe hablar. Los habitantes dicen que se le acabaron las palabras, que nunca se ha detenido a saludar a nadie, que nunca levanta la cabeza y que siempre está llorando. Los chismes se difundieron casa por casa, pero la verdad es que no se puede ver un cuerpo sin alma. En el día sólo se ve una sombra caminando por las paredes, pero nadie es dueño de esa sombra; y se estrella con la gente pero es como si no existiera nadie, les atraviesa como si fueran nada, es invisible para todos. Por donde pasa el cuerpo del príncipe, quedan rastros de sangre en el piso mientras la sombra escurre lágrimas. Todos en el pueblo entienden el dolor que pudo sentir y dicen que sin Mara a su lado, el pueblo se ahogaría en lágrimas y en tristeza pues cada vez eran más largas las caminatas que el príncipe hacía para buscarla. Desde esos días en que simplemente se ve un cuerpo caminar día y noche como si no tuviera alma, derramando sangre y buscando a través de las ventanas encontrar a esa mujer, se dice que el príncipe abrió su pecho, y vio su corazón roto. Su herida no se ha cerrado en mucho tiempo y cada día se puede ver un hombre sentado en frente de su casa, inmóvil, y una sombra caminar por las calles.

El príncipe está bien actualmente, cada noche sigue escribiendo las cartas y poesías que llevará al día siguiente al río para enviarlas a Mara y luego da vueltas por el pueblo buscando historias que pueda contarle a ella para hacerla regresar. Esa era la razón por la cual no hablaba con nadie. Su dolor fue fatal, a tal punto que, como cuando sentía amor con Mara, el aire cambió y las personas comenzaron a ver caos entre sí y a alucinar con hechos tristes y agónicos, como el del hombre con la marca en el pecho, que era él mismo visto desde la gente. Esa leyenda, que era él mismo, fue la última carta que le envió a Mara. Continuó esperando mientras veía las personas vivir, ser felices, besarse, abrazarse y él quería sentir eso otra vez más, pero esperaba porque ya había sido feliz, y a diferencia de esa gente, podía amar una sola vez y morir de amor si fuera necesario. Pero muy en su interior, sabría que valdría la pena la espera, pues la mujer de sus sueños, de su vida, su felicidad y su amor, vendría algún día a hacerlo sonreír nuevamente y a cumplir los sueños huérfanos que nacieron el día en que ellos dos se enamoraron y que aún podían ser cumplidos.