Hola a todos, gratos lectores. Ya que han pasado a ver lo que hago, agradezco que no se sometan a la inclemencia del tiempo y miren un poco más de lo primero que observen; los invito a que vean y comenten (si quieren y les gusta opinar) no sólo el o los primeros textos: al final de la página y en los principios de este blog también hay algunos buenos escritos.


19 de febrero de 2009

El reloj

Para leer con un reloj al lado,

El reloj, segundo a segundo que me arranca de la vida para dar cuerda a sus engranajes que dictan una hora que no existe, un invento más del hombre, con su cruel tuc cada sesentava parte de minuto, me obliga a pensar en sincronía con él:

-Mal-di-to-re-loj-me-es-tás-ma-tan-do-con-ca-da-se-gun-do-que-pa-sas... Es-to-nun-ca-a-ca-ba-rá-¿ver-dad?

Y en mis últimos instantes de agonía, el reloj despiadado que no se detendrá nunca, con sus agujas como espinas envenenadas con cicuta, que en cada segundo desgarran de mi ser la vida misma, me dice al ritmo de su tuc bien medido, como sin sentimientos, con la misma frialdad del invierno y con la superioridad que le regala la eternidad que podría matar su cuerpo pero jamás el tiempo que lo gobierna, las últimas sílabas que escucharé en este mundo:

-Es-el-fin... No-soy-tu-yo-;e-res-mío.

15 de febrero de 2009

ONIRIS

¿Por qué, muchas veces, en la noche
planea uno, antes de dormir, el sueño?
Mas, es de imaginación un derroche,
pues del subconsciente nadie es dueño.

-Pero lo soy de mis días y noches
y decido si odiarte o amarte…
Si lo descubres, no me reproches:
tal vez todo el día pueda darte

cuando, alegremente, me sorprenda
que mi cuerpo y sueño has poseído.
Y antes del alba, cuando te has ido

no existe fórmula que se venda
para crear y domar ilusiones,
pues sólo el Destino sabe esas soluciones

12 de febrero de 2009

Ajedrez

Jorge Luis Borges: Ajedrez

I

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

II

Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?

Borges, Jorge Luis, Nueva Antología Personal, Siglo XXI editores, pp 11


(Esta es una poesía, excelente, que encontre releyendo entre los archivos de mis escritos ejemplares. ¡Es genial!)

10 de febrero de 2009

Mi rock n' roll


Me gusta esta música,
su ritmo y sus palabras.
Me gusta ser una roca
que rueda con voluntad.

Me gusta pulsar cuerdas
que en su vaivén gritan
de pasión y furia en notas
que penetran mi piel.

Me gusta cada rift sonoro
que repetidamente se inunda
de mi corazón sediento
de poder y rebeldía.

Me gusta como un bajo
afinado con mi corazón
altera mis sentidos, con ganas
de jamás parar este éxtasis.

Como efectos de una hierba,
de un líquido o de cualquier
psicotrópico, este rock me hunde
y me eleva, me hunde y me eleva.

El sonido poderoso de unas cuerdas vocales
que vibran con cientos de armónicos
mueven mis extremidades, mi cabeza...
y mi cuerpo emprende vuelo.

Llega lejos, años atrás,
y, entre flores y notas,
sombras, metal y carne
el mundo se torna agradable.


5 de febrero de 2009

Confesiones de un enamorado


Primer monólogo: para otra,

<< ¡Oh! ¡A qué inconcebible universo me transportó su bendita mirada! ¡Me perdí en la infinidad de sus ojos, en la inmensa oscuridad de sus pupilas irisadas! Y ahora, no sé donde he quedado ¡Qué error he cometido! ¡Qué condena debo pagar! Que me perdone Dios por haberla querido más de lo que merecía, uno no debe dar amor a diestra y siniestra como asegurando el reino del cielo… ¿Pero qué tonterías son éstas? Por ella daría mi vida una y otra vez, sin arrepentimientos. O bien, soy capaz de bajar al infierno si así desea despedirme de su vida, pero… no es tan cruel. Si me hubiera dado una oportunidad, yo no estaría en esta amigable resignación que causa tristeza y soledad, de las cuales no puedo escapar. Pero, ¡ah, claro! Debo agradecer su enseñanza de conformismo, esa negligencia ética, molicie de vida que ahora me toca practicar porque ella así lo quiere para mí. Y yo, que hago lo que desee… Según ella, me debe bastar con su amistad. Pero qué equívoco concepto debe tener de esa palabra. No quisiera, sinceramente, ser su amigo. Lo intenté, pero creo que faltó fuerza, interés, rigor, convicción. Sólo tuve ganas de volver con ella, pero no fue posible; quisiera reintentarlo y recuperar mi felicidad que en su habitación debió haberse acabado. Mas, creo que, aunque hiera mi orgullo y me duela la voluntad, es mejor darme por vencido. Su amor es muy difícil, y aunque eso me atrae, no me gusta que las apariencias me engañen. A pesar de rendirme ante su insensibilidad, prefiero morir en un segundo que vivir el resto de mis años sin ella…

Todo cambia, y ahora creo que soy mejor. “¡Gracias!”. Ahora, quien creería, tanto la quise, pero ya tengo otro ser. Uno que me hace olvidarla, me acompaña en mi soledad y mi tristeza, es mansa en mis momentos felices, tranquilamente dócil a mis sueños, vive de noche y de día, sin descanso. Mi nueva compañía sólo vive por mí y para mí, es eterna e infinita… y ella es mejor que aquélla… Ella se llama Poesía. >>