Ir al contenido principal

Confesiones de un enamorado


Primer monólogo: para otra,

<< ¡Oh! ¡A qué inconcebible universo me transportó su bendita mirada! ¡Me perdí en la infinidad de sus ojos, en la inmensa oscuridad de sus pupilas irisadas! Y ahora, no sé donde he quedado ¡Qué error he cometido! ¡Qué condena debo pagar! Que me perdone Dios por haberla querido más de lo que merecía, uno no debe dar amor a diestra y siniestra como asegurando el reino del cielo… ¿Pero qué tonterías son éstas? Por ella daría mi vida una y otra vez, sin arrepentimientos. O bien, soy capaz de bajar al infierno si así desea despedirme de su vida, pero… no es tan cruel. Si me hubiera dado una oportunidad, yo no estaría en esta amigable resignación que causa tristeza y soledad, de las cuales no puedo escapar. Pero, ¡ah, claro! Debo agradecer su enseñanza de conformismo, esa negligencia ética, molicie de vida que ahora me toca practicar porque ella así lo quiere para mí. Y yo, que hago lo que desee… Según ella, me debe bastar con su amistad. Pero qué equívoco concepto debe tener de esa palabra. No quisiera, sinceramente, ser su amigo. Lo intenté, pero creo que faltó fuerza, interés, rigor, convicción. Sólo tuve ganas de volver con ella, pero no fue posible; quisiera reintentarlo y recuperar mi felicidad que en su habitación debió haberse acabado. Mas, creo que, aunque hiera mi orgullo y me duela la voluntad, es mejor darme por vencido. Su amor es muy difícil, y aunque eso me atrae, no me gusta que las apariencias me engañen. A pesar de rendirme ante su insensibilidad, prefiero morir en un segundo que vivir el resto de mis años sin ella…

Todo cambia, y ahora creo que soy mejor. “¡Gracias!”. Ahora, quien creería, tanto la quise, pero ya tengo otro ser. Uno que me hace olvidarla, me acompaña en mi soledad y mi tristeza, es mansa en mis momentos felices, tranquilamente dócil a mis sueños, vive de noche y de día, sin descanso. Mi nueva compañía sólo vive por mí y para mí, es eterna e infinita… y ella es mejor que aquélla… Ella se llama Poesía. >>


Comentarios

•Oblivion• ha dicho que…
maldita sea, lo entiendo
y lamento hacerlo...
Anónimo ha dicho que…
Solo toma un segundo el encontrarse perdido en la mirada de otro ser...

Algunas veces toma más encontrarse en otra vida y sentir la profunda felicidad de una compañía que parece devolverle el sentido a los días.

Amistad, equivalente de hermoso principio y de triste final.

Nuevamente... gran escrito!!!
La_Sonyadora ha dicho que…
Me gusta tu blog, buen trabajo.

Erika

Entradas populares de este blog

LA LEYENDA DEL HOMBRE CON EL CORAZÓN ROTO

En el pueblo se está escuchando que nació una leyenda. Que hace varios días se escucha a un hombre lamentarse y no parar de gritar en las noches. La gente dice que él lleva la marca de un corazón roto en el pecho. Dicen los más viejos que fue por causa de una mujer de la cual estaba enamorado desde que empezó a soñar, cuando la veía todas las noches en castillos o en barcos, incluso, la primera vez, la vio en un templo y, al despertar, muchos meses después la conoció frente a una librería, donde quedó grabado para siempre el amor en su piel. De ella, cuentan que inspiraba lujuria y paz, que en las noches su voz acariciaba las flores y que al amanecer siempre tenía una sonrisa en su rostro. Muchos hombres se enamoraron de esa mujer por mucho tiempo, unos supieron disfrutar su belleza y amabilidad; otros tontos ciegos jugaron a creerse únicos y perdieron sus recuerdos. Pero este hombre, según hablan, conquistó a aquella mujer una noche en que un brillo ingenuo brotó de su pecho y una mi…

Todos los días pienso en ti

I.D.

Aún no he podido abrir los ojos desde el día que tu partida fugaz cubrió todas estas montañas y mi vista se oscureció en despojos de memorias, sentidos y engaños mientras tu ausencia recorría toda la faz.
Aún no encuentro un lugar tan grande donde guardar tu recuerdo desvanecido, pues el olvido está matando la memoria… Quiero cruzar el océano desde los andes y escapar de esta tristeza que destrozaría la espera más larga que te he ofrecido.
Vi tu imagen luminosa en el sendero, antes que te marcharas de la gran sabana. Ese sendero, que con tu rostro iluminaste, aún espera ser recorrido por el otoño venidero, las palmeras y flores insisten en llamarte…
Ojalá aparecieras de repente frente a mi ventana.

Hola, soy Andrés

Hola, soy Andrés, soy Andrés, soy Andrés. Me gusta escribir porque siempre me ha quedado bonito cuando lo hago, pero cuando venga un mensajero de tu parte a decir lo que quiero escuchar... entonces gritaré, y te maldeciré cuando me digas que esa fue toda la verdad, porque para mí fue diferente; y esa tuya que crees, para mí es la mentira que te dije ayer que no era mentira, igual no estoy arrepentido de lo que te hice, lo volvería a hacer: ¡lo que me da la gana!, igual siempre lo había hecho sólo que tú me quitaste la gana y la remplazaste por aborregamiento simple, sin mucho compromiso. Es como dijo mi abuelo: “haz lo que quieras, pero tráeme mi botella de vuelta”. -¿Otra vez la misma vuelta? Pero si ya la hemos dado trescientos sesenta y cinco veces, estoy cansada de seguir dando la misma vuelta una y otra vez-. Cuando me bajé de la rueda gigante, estaba mareado de ver tu cara tantas veces y me vomité porque me asqueó tu comportamiento, todo lo que haces sin pensar y todo lo que pie…