Hola, soy Andrés, soy Andrés, soy Andrés. Me gusta escribir porque siempre me ha quedado bonito cuando lo hago, pero cuando venga un mensajero de tu parte a decir lo que quiero escuchar... entonces gritaré, y te maldeciré cuando me digas que esa fue toda la verdad, porque para mí fue diferente; y esa tuya que crees, para mí es la mentira que te dije ayer que no era mentira, igual no estoy arrepentido de lo que te hice, lo volvería a hacer: ¡lo que me da la gana!, igual siempre lo había hecho sólo que tú me quitaste la gana y la remplazaste por aborregamiento simple, sin mucho compromiso. Es como dijo mi abuelo: “haz lo que quieras, pero tráeme mi botella de vuelta”. -¿Otra vez la misma vuelta? Pero si ya la hemos dado trescientos sesenta y cinco veces, estoy cansada de seguir dando la misma vuelta una y otra vez-. Cuando me bajé de la rueda gigante, estaba mareado de ver tu cara tantas veces y me vomité porque me asqueó tu comportamiento, todo lo que haces sin pensar y todo lo que piensas sin hacer, ¡deja tus arrepentimientos! los que me imaginaba en la fogata, quemándome los brazos y golpeando a mis amigos, hasta que desperté sin que tú lo hicieras, solo en la oscuridad, con tu imagen medio iluminada por una débil y fría luz de luna menguante así como estaba la barriga de mi hermano cada vez que el tiburón mordía más y más sus extremidades inferiores.. ¡y tus miembros superiores! que se creen mejores solo por estar más arriba, como si la posición los hiciera menos inútiles consejos que me diste cuando estaba demente porque causaron tu muerte, yo no quería, pero tú te apuñalaste porque no soportabas vivir más siendo una borrega, siguiendo a todos, dando las misma vueltas, con los mismos errores en las caras de los marranos que, miedosos por no poder defecar, se mataron entre ellos para parecer residuos, sólo basura, lo que quedó de lo poco o nada que eras, una vida sin sentido, sin rumbo, y giraste tanto que otra vez vomitaste y mis gallinas te picotearon la boca y te abrieron los cachetes por ensuciar mi cama y dañar el desayuno de mi mujer.
Dejo mi ciudad en una tarde rosa, los edificios viejos y violetas, las nubes entre amarillas y rojas, el cielo que es azul en el horizonte y oscuro sobre las montañas. Ah, calentamiento global ¡Qué bien se ve y qué mal hace! Extrañaré esta grande ciudad, sus tres cielos y su frío, la noche opaca e impenetrable con contadas estrellas, los vientos que desgarran los árboles y arrullan, con las hojas, los insectos. Extrañaré las calles limpias y los andenes altos. Cambio el amanecer tardío por un atardecer a las 7 pm con leche y estrellas en el cielo, con las olas bañando la arena y la marea dándome cafeína; cambio kilómetros de cotidiano caminar por el sudor de unos metros cuesta arriba; cambio la rutina sedentaria por cortos paseos en fiestas carnavales, comparsas, con la compañía de una mujer y el calor entre la brisa y el agua, desde el mar hasta las nieves. Dejo mi ciudad, pero no tardo. volveré pues me gusta la frialdad la congestión, la polución, la luz artificial, las chaquetas y c...
Comentarios
Muy bueno.
Besos.
Muchas veces plasmamos en letras, sentimientos encontrados, cosas que tal vez nunca lo diríamos cara a cara, pero es quizá una buena vía de despojarnos de aquello que nos hace daño o nos atormenta.
Un cálido abrazo alado!