Hola a todos, gratos lectores. Ya que han pasado a ver lo que hago, agradezco que no se sometan a la inclemencia del tiempo y miren un poco más de lo primero que observen; los invito a que vean y comenten (si quieren y les gusta opinar) no sólo el o los primeros textos: al final de la página y en los principios de este blog también hay algunos buenos escritos.


13 de febrero de 2010

Mi poesía

Me gusta escribir poesía.
La siento sobre mí:
sus letras en mi piel,
las historias en mi vida
y las imágenes en mi sangre;
el arte en mis sueños.
Mi poesía es música y literatura.

Más tengo un único poema
que me gusta aún más,
uno que se escribe solo,
con un cuerpo absurdo.
Baña sus palabras con vainilla.
Sus perfumes amarillos
y su quintaesencia violeta
penetran mis heridas púpilas,
cuando lo siento cerca.

Soy una historia,
mil más...
las de ella, otras más;
mi poesía y yo somos cientos
y millones de historias.
Aventuras que escucho venir
de una voz cantante y dulce,
aventuras que escucho en silencio
y en sincronía con su respirar.

Mi poesía vive...
ha vivido por mí,
vive para mí,
vive porque yo vivo...
para ella.
Porque cuando la veo,
un incendio celestial
desaparece todo alrededor
dejándome en el humo
de la inspiración y la sensualidad.
En medio de nada y de oscuridad,
mi poesía y yo, nos encontramos.
Entonces quiero cantarle,
pero ella me enreda y siento música
en mi espalda, en mi pecho,
y sus brazos (con los que la poesía
puede abrazar a todo el mundo),
me levantan sólo a mí,
y cómo son invisibles...
Sí, es como si volara.
Recuerdo a Andrés:
"Era el amor,
esa felicidad de volar en la realidad"

Mi poesía es como yo
y no voy a decirlo.
Tengo versos en mis pensamientos;
tengo a mi poesía junto a ellos,
sentada bajo un árbol,
con tinta en sus ideas
y cuentos en sus manos,
como una hoja de papel
que viene de la Nube Alta.

Si tiene ojos mi poesía,
han de ser como dos planetas
habitados por penas y alegrías,
gobernados por figuras oníricas
que convierten el mundo en fantasías,
en tranquilidad,
y en una verde playa
que me invita a mojarme en sus arenas.

Si tiene piel mi poesía,
ha de ser un desierto de placer,
un telón de licor y azucar,
un abismo en los recuerdos
que lograría vislumbrar como propios
cuando, con los ojos cerrados,
pudieran mis dedos caminar
en sus curvas fértiles,
y no culparse por no colonizar
ese bello territorio.

Si tiene olor mi poesía,
ha de ser el de las flores veraniegas
y las sábanas en el crepúsculo;
limón y fuego sobre la hierba
y agua reposada en el vientre.

Si tiene sabor mi poesía
ha de ser como el chocolate
de mi niñez, como la leche
en mis huesos; ha de ser como
una vida que entra en otra,
boca a boca.

Si tiene alma mi poesía,
es como la tuya, amor mío:
tan azul que el mar y el cielo
envidiarian la profundidad y la calma;
que mueve el suelo con pensar,
que sobrevive al mal,
al olvido y la soledad.
Es como la tuya... que me vió.

Tú eres mi amor, mis ideas,
mis sueños y mi futuro.
Eres mi poesía hermosa:
me haces escribir, y yo escribo...
te escribo.