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Mostrando entradas de diciembre, 2008

A un robot

Se vale exagerar... Ahora me encuentro casi frustrado;
falta poco para estarlo por completo.
Salgo de este salón de realidad infectado
y voy por algo que me ayude con esto:

Otro intento no queda mal.
Lucharé hasta el final.
El día se pinta tan oscuro
como mi cercano futuro.

(Un futuro que no distingo bien,
pero presiento su fatalidad).

Cambio de lugar y entro; ¡lo tengo!
Con un ápice de optimismo
crece tan lento como cae mi ego,
en mi alma, un arbol de ilusión.

Regresaré al taller de la frustración;
allí no existe más que los objetivos
y cumplimientos; lo demás no tiene valor.
¡Acaso no cabe aquí el subjetivo!

El largo y frío trecho de regreso
que me pondrá en la recta final
del fin de este trabajo, es extenso.
Miro, mientras, mi alrededor y el cielo.
­
A mi alrededor, ¡cuánta gente!
¡cuántas historias! Todas juntas.
¿Cuánto éxito habrá en esas mentes?
¿Cuántos como yo, sin ruta?

En el aire húmedo y frío, se alojan
con las nubes estos sentimientos
que me tocan como el agua que despojan.
Pero, asímismo, me resbalan …