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CARTA AL FUTURO


De no ser por esto, ya me habría suicidado. Hace muchos años que la idea de una muerte temprana llegó a mi cabeza. Morir joven y hacer parte de ese selecto club de los Veintisiete. Ser recordado casi eternamente como un osado y loco joven que escribió lo suficiente, que amó lo suficiente, que estudió lo suficiente, que escaló lo suficiente, que trabajó lo suficiente, que viajó lo suficiente y que vivió lo suficiente.

En las ocasiones anteriores siempre hubo algo que me detenía y me motivaba a seguir intentándolo y vivir. Terminar una carrera, conseguir un trabajo, conocer el amor de la vida, empezar practicar otra actividad, viajar. Toda una vida organizada y estructurada, una rutina a mediano plazo, a final de cuentas. Y, ciertamente, hice todo aquello, y lo hice bien. Terminé una carrera y una maestría. Practiqué muchos deportes, gané competencias e hice marcas personales en varios deportes. Conocí las montañas, la velocidad y la adrenalina y eso me hizo sentir vivo por un tiempo. Llegar cada vez más alto, escalar cada vez más fuerte, correr cada vez más rápido, fueron constantes motivaciones para mí durante años. Trabajé en diferentes empresas, consiguiendo una vasta experiencia en diferentes campos. Tuve grandes oportunidades laborales, podría seguir avanzando y ocupar importantes puestos. Amé mucho y amé poco, al mismo tiempo. Las mujeres nunca hicieron falta en mi vida y, como disfruté de varios placeres y amores, también rompí corazones y decepcioné personas. No me enorgullece decirlo, pero así fue. También yo fui decepcionado a veces. Hasta podría decir que aprendí mucho en el arte del amor, pero nunca sería suficiente en este tema y en realidad sabía muy poco. Pero también conocí el amor de la vida, o lo que yo creí que eso era. Contraje un matrimonio muy diferente a lo que siempre hubiera imaginado, pero fiel a lo que siempre he sido. No cambiaría en nada esa época. Era totalmente feliz. Incluso tuve una luna de miel soñada, viajando por la Patagonia y conociendo personas y lugares increíbles. Nunca imaginé una aventura tan divertida como esa, aunque la soñé por muchos años, quizás los mismos que  he tenido esta idea de morir. Luego hubo problemas, como siempre. En esos momentos, casualmente olvidé el suicidio, pero sí quise escapar y tener otra vida.

Lo más significativo de mi vida, sin embargo, no lo he hecho yo. Quizás todos estos logros y metas alcanzadas, quizás toda mi vida incluso a alguien pueda parecerle inspiradora. Para muchos otros, normal. Para otros, pueda ser deprimente o un fiasco. No importa, nada se compara a ese fugaz y eterno momento de conocer un hijo. Tenerlo por primera en vez casa, verle dormir y sonreír y saber que crece junto a tu cuerpo desgastado, es quizás la mayor fuente de satisfacción en mi vida. Y sin embargo, ¿También es suficiente?

En este momento, todo ha sido suficiente. No se cruza por la cabeza nada. Sólo algunas imágenes del futuro. Sigue siendo una simple rutina a largo plazo. Conseguir un gran trabajo, hacer una casa, envejecer en pareja, educar bien a mi hijo, escalar, viajar por el mundo. Y me pregunto si todo eso hace una vida más significativa y memorable. Son buenas visiones, pero siguen siendo suficientes.

Desde hace más años, antes de que el suicidio llegara a mis pensamientos, tuve un gran sueño. No ser olvidado nunca. Pensé que la mejor forma para lograrlo sería escribir, hacer que mis palabras quedaran en las personas, que entraran como el aire y se acomodaran en la sangre y en los recuerdos, que mis palabras llegaran a hacer parte de todos, por mucho tiempo. Así, quizás lograría no ser olvidado nunca. Así fue como empecé a escribir. No espero haber penetrado ya en muchas personas. Pero sueño con hacerlo un día. Quizás una muerte ayude. El terror y la oscuridad alrededor de un cuerpo sin vida siempre generan más recuerdos. Como ya fue dicho: para el poeta, la muerte es la victoria. Pero no es suficiente para mí. Escribir es lo que me mantiene vivo. El suicidio sería una gran historia, pero quién la escribiría, si no yo.

Y a pesar de todo, algunas veces siento que también ya escribí suficiente. Suficiente vida.

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