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Mostrando entradas de noviembre, 2011

A la belleza

Quiero permanecer en tus ojos,
estar alumbrado en el mundo
de tus púpilas eclipsadas,
recorrer los caminos de tu rostro
y escalar con caricias tu nariz,
y caer en el deseo de tus labios
que son como las flores en tu cabello.
Describir con mi lápiz tus mejillas
y tu cuerpo feliz sobre las rosas.

El viento mira tu piel y tiembla,
y el sol, si te escucha hablar,
se enloquece de calor y yace en tu pecho,
que es el hogar de mi tentación.
Mi frágil vista es perturbada
por tu cintura desnuda que corta el tiempo
en cada melódico paso con que pisas mis recuerdos
como bailando con mis ilusiones.

Persiguen, a lo lejos, escondidos,
mis ojos a tus piernas (mientras
pienso en el amor viéndote caminar)
buscando descubrir tu belleza que
se apresura a volar sobre mí
y descansa en las noches en mi cama
para despertar mis sueños
e ignorar la mañana.

Las letras en tus manos
se sientan en mi mente
a cantarle a tu belleza,
y me llevan a escribir
mi poesía desde hace tiempo.
Hay algo más allá de la oscuridad y el desaliento, más allá de la melancolía y los recuerdos; hay una luz. Es una tenue luz atractiva y brillante, pero lejana. Mas, si se va acercando, ¿qué hacer? ¿Huir o tomarla?

Si huyes, te quedarás ahí viendo la soledad, la tristeza tocará para ti todas las noches lúgubres sonatas con voz desgarrada y temblorosa. Si huyes, no verás más luz en mucho tiempo. Quizás, enceguezcas cuando vuelvas a verla, quizás haya luz y no la veas, quizás no quieras verla. Si huyes -como la flor marchita- sólo mirarás tu interior, ignorarás toda la belleza que aún no has visto y olvidarás todo el mundo que te apasionaba. Pero si huyes, podrás crearle infinitas historias y podrás recordarla por siempre, no habrá nada para dejar de amarla.

Sin embargo, ¡oh! No está aquí y no pasará cerca. No sabrá tampoco de tu refugio y de lo que haces. ¿Por qué amar a alguien que no sabe que lo haces?... Sí, lo sabes y yo sé que es difícil intentarlo.

Tómala. Tomarás la luz y la guar…