Hola a todos, gratos lectores. Ya que han pasado a ver lo que hago, agradezco que no se sometan a la inclemencia del tiempo y miren un poco más de lo primero que observen; los invito a que vean y comenten (si quieren y les gusta opinar) no sólo el o los primeros textos: al final de la página y en los principios de este blog también hay algunos buenos escritos.


15 de diciembre de 2011

Sentidos

Tengo ganas de verte,
como al sol que me despierta,
como a las luces en la noche.

Tengo ganas de olerte,
como a los jardines de flores,
como al café cuando quiero más.

Tengo ganas de tocarte,
como a la arena del caribe,
como al piano en soledad.

Tengo ganas de escucharte,
como a los vientos del sur,
como a los sónidos oníricos.

Tengo ganas de hablarte,
como cuando se evocan besos,
como a la soledad: ¡libre!.

Tengo ganas de recordar,
como ser un pensamiento tuyo,
como ver un arcoiris en tu piel.

Tengo ganas de cerrar(te) los ojos,
como imaginando bruma en el aire,
como sintiendo desde las células.

Tengo ganas de expresarme,
como ante las alturas y
no quedar con nada adentro.

11 de diciembre de 2011

El corazón de un hombre

Se dice que dentro de los corazones hay un mundo, un mundo de sueños y sentimientos; un planeta, que en el corazón de un hombre, se estremece cuando siente orbitar cerca el corazón de una mujer.
Hubo un planeta de esos, que era pequeño, pero soportaba muchas fuerzas femeninas en su atmósfera. Ahí vivían la compasión, la paciencia, el amor, la soberbia y la inocencia. Y en este lugar, pequeño como una casa, con estos seres, naturales como animales, existe una gran historia.
La inocenia fue la primera en salir. Fue al río y allí vio, sobre el horizonte, como una estrella enorme se escondía tras la cascada. La joven y tierna inocencia se emocionó tanto al ver tal maravilla que olvidó su baño y sus juegos en el agua y se devolvió corriendo a la casa de la paciencia.
-¿Qué es? ¿Qué es? -le preguntó emocionada.
La paciencia le acarició el rostro amablemente, con comprensión.
-Cálmate. Dime. ¿Qué viste?
-Una estrella. Era muy grande. Cayó por la cascada. La vi. La vi. Era roja y volaba muy rápido.
-No es así -le decía riéndose la señora Paciencia-. En el fondo del río, allá abajo, seguro que no vas a encontrar nada.
-Entonces ¿qué es, señora Paciencia?
-Tranquila, niña. Ya lo averiguaremos.
La inocencia, que confía siempre en los demás, esperó como le enseñó la paciencia, hasta que ésta le dio una respuesta.
Pocos días después, la señora Paciencia llamó a la joven Inocencia para anunciarle del impresionante descubrimiento que había hecho. Le dijo que la estrella que había visto esconderse sobre el río no era más que un corazón de mujer que se acercaba caliente, como un asteroide, hacia su planeta.
La inocencia estaba tan entusiasmada creyéndose un ser especial e importante. Pensaba que ese descubrimiento le marcaba una admirable vida. Se sentía increíblemente satisfecha e imponente. Su alegría no se comparaba con ninguna hasta entonces en ese mundo. Se fue brincando y cantando por el bosque y ahí se encontró, en una montaña, a la belleza, un joven atlético y muy cortés.
Pues juntos estuvieron siempre y como ya es bien sabido, la inocencia es la madre del amor. Pero aquí vemos que el padre es Belleza y que el amor nació por la aparición de una mujer en el corazón de un hombre aconsejado por la paciencia.


El planeta de la mujer seguía orbitando el corazón del hombre y cada vez que pasaba sobre el río, el amor sonreía; cuando se escondía detrás de la cascada, éste se lanzaba al agua a buscar la luz en el fondo. El amor creció siempre entre la inocencia y la belleza. Sin embargo, nunca nadie entendió el porqué del sorprendente gusto del niño por esa estrella roja que volaba sobre el río.
-Las estrellas no vuelan, hijo mío -le decía Inocencia recordando lo que Paciencia le dijo en su juventud-. No vas a encontrar nada en el fondo de la cascada.
-Entonces, ¿qué es?
-Esa estrella que vemos, hijo, es otro planeta, como éste. Sólo que ése es de una mujer. Ahí habitan sentimientos también, como aquí. Pero creo que no podrás conocerlos.
El amor se mantenía triste por esas épocas, pues quería conocer ese lugar; esos seres le causaban gran interés. Echaba y echaba, como rocío a las flores, pensamientos y plegarías al cielo. Creía, como su madre, que un ángel las escucharía y las llevaría a ese corazón. Todas las noches, a la orilla del río, viendo enamorado la luz roja reflejarse en la corriente del agua e iluminar las piedras, rogaba que alguien en ese lugar pudiera escuchar su voz.
Una noche, muchos años después, llegó al río una mujer vestida de princesa. El amor se sintió muy atraído por su aroma.
-¿Quién eres?
-Mi nombre es Compasión.
-¿Qué hace un ser tan elegante a esta hora, en la orilla del río? Es peligroso.
La compasión, que sabía lo que sentía él, le dijo que le gustaba mirar el cielo en la noche. La estrella roja también le intrigaba.
-Entonces, ¿por qué nunca te había visto? -le preguntó.
-Te he visto arrancar la arena de ese lado del río con tus pies hace ya muchísimas noches. He sido algo discreta, pero hoy quise acercarme a ti.
El amor se unió esa noche con la compasión. Se olvidó de rogar a los ángeles que alguien en la estrella roja pudiera sentirlo. No volvió a sentir la curiosidad ni la tristeza, al esconderse la luz detrás de la cascada, de esos tiempos. La compasión era tan sensual que el amor se dejó llevar por su apaciguamiento. La compasión engañó al amor haciéndole creer que otro camino era el correcto. Gracias a ella, el amor conoció a la soberbia.
-Ven -le decía la soberbia tentativamente al amor-. Con nosotras, descubrirás todo este lugar. No tendrás que volver a mirar el cielo en las noches.
Desde ese momento, el amor se perdió por la compasión y la soberbia. La compasión hizo que el amor se desilusionara de aquel corazón de mujer y la soberbia lo escondió.


La inocencia extrañaba el amor en su hogar y comenzaba a angustiarse.
-Busca a nuestro Amor, por favor -le pidió a Belleza.
Mientras tanto la inocencia fue a contarle todo a la paciencia y ésta le calmó prometiéndole que la encontraría y que volvería a su casa.
-Nuestro hijo no aparece, Inocencia. Encontré sus huellas en el río. Iban acompañadas por las de otro ser -se angustió mientras trató de comprender lo sucedido para dar con algún lugar.
-Calma, dulce pareja. La señora Paciencia me ha prometido que traería a nuestro hijo de nuevo a esta casa.
El amor se encontraba prisionero en los terrenos de la soberbia. Parecía que ahí se iba a acabar. La paciencia y su fiel compañero, Sabiduría, fueron hasta su castillo, más allá del bosque.
-Soberbia, sabes muy bien que no puedes acabar con el amor y sus ilusiones -anunciaba la sabiduría, enfurecido pero sereno-. Engañaste a este joven y te aprovechaste de su debilidad. Ahora, déjalo libre.
-Ahora mismo -le siguió implacable la paciencia-. El amor debe ser libre.
La compasión había huido tras haberle entregado el amor a la soberbia. La soberbia, ahora sola, frente a la fuerza de la paciencia y la sabiduría, se vio derrotada y escapó del lugar, perdiéndose en el bosque.
La pareja cumplió su promesa y el amor regresó al hogar de la inocencia y la belleza.
El amor volvió al río y la estrella continuaba surcando el cielo. Él volvió a rogar por ser escuchado en aquel planeta. En la tarde, se acercó un ángel y mientras se sentaba a su lado le dijo que alguien lo había escuchado y que, como él, había sufrido por encontrarlo. Lo levantó de la mano y lo abrazó de la cintura para volar con él fuera del mundo. Ahí le mostró al ser que lo esperaba, un ser femenino, hermoso, irresistible. Su nombre era Felicidad

Aún en esta época, fuera de esos dos corazones, pueden verse juntos al amor y a la felicidad, sonriendo siempre e iluminando las noches. El ángel se quedó con ellos, inspirándolos a seguir unidos eternamente. El ángel se llamaba Frenesí.

14 de noviembre de 2011

A la belleza

Quiero permanecer en tus ojos,
estar alumbrado en el mundo
de tus púpilas eclipsadas,
recorrer los caminos de tu rostro
y escalar con caricias tu nariz,
y caer en el deseo de tus labios
que son como las flores en tu cabello.
Describir con mi lápiz tus mejillas
y tu cuerpo feliz sobre las rosas.

El viento mira tu piel y tiembla,
y el sol, si te escucha hablar,
se enloquece de calor y yace en tu pecho,
que es el hogar de mi tentación.
Mi frágil vista es perturbada
por tu cintura desnuda que corta el tiempo
en cada melódico paso con que pisas mis recuerdos
como bailando con mis ilusiones.

Persiguen, a lo lejos, escondidos,
mis ojos a tus piernas (mientras
pienso en el amor viéndote caminar)
buscando descubrir tu belleza que
se apresura a volar sobre mí
y descansa en las noches en mi cama
para despertar mis sueños
e ignorar la mañana.

Las letras en tus manos
se sientan en mi mente
a cantarle a tu belleza,
y me llevan a escribir
mi poesía desde hace tiempo.

6 de noviembre de 2011

Hay algo más allá de la oscuridad y el desaliento, más allá de la melancolía y los recuerdos; hay una luz. Es una tenue luz atractiva y brillante, pero lejana. Mas, si se va acercando, ¿qué hacer? ¿Huir o tomarla?

Si huyes, te quedarás ahí viendo la soledad, la tristeza tocará para ti todas las noches lúgubres sonatas con voz desgarrada y temblorosa. Si huyes, no verás más luz en mucho tiempo. Quizás, enceguezcas cuando vuelvas a verla, quizás haya luz y no la veas, quizás no quieras verla. Si huyes -como la flor marchita- sólo mirarás tu interior, ignorarás toda la belleza que aún no has visto y olvidarás todo el mundo que te apasionaba. Pero si huyes, podrás crearle infinitas historias y podrás recordarla por siempre, no habrá nada para dejar de amarla.

Sin embargo, ¡oh! No está aquí y no pasará cerca. No sabrá tampoco de tu refugio y de lo que haces. ¿Por qué amar a alguien que no sabe que lo haces?... Sí, lo sabes y yo sé que es difícil intentarlo.

Tómala. Tomarás la luz y la guardarás entre tus manos: le darás forma, o tal vez lo haga sola y se muestre para ti. Quizás tenga ojos, sabor, piel y alma como aquella poesía pero ésta es sólo luz para tus ojos, voz para ese silencio. En este invierno que has creado, en ese abismo descubierto entre esas paredes, esta luz logrará entrar. Debe ser un misterio, debe ser una señal, pero te iluminará. Hay algo más allá de esta pesadilla construida por ti, hay belleza y magia que aún pueden cubrirte, hay una puerta que puedes abrir para abrazar un nuevo mundo. Pero si tomas esta luz, ¿la olvidarás o estará siempre en tu mente? Esa oscuridad es maligna y sé que no quieres permanecer ahí mucho tiempo, pero tampoco quieres olvidar.

<<¡Ay! Luz tenue, brillante y atractiva luz, por favor, sácalo de allí y guíalo de nuevo a aquí o a dónde debas llevarlo>>

26 de octubre de 2011

Increíble


Increíble no es el mundo más allá,
es el brillo lunático en unos ojos.
Increíble es saborear la miel
donde sobra el licor y las letras,
increíbles los sonidos en la imaginación,
increíble ver colores en la oscuridad.

Increíble no es el desaparecer de los astros,
ni de la luna ni del índigo o el gris crepuscular,
increíble es descubrir el sol en un rostro,
en el silencio y en otros lenguajes.
Increíble cómo puede una hora convertirse
en un increíble minuto al entrar más allá.

Increíble no sentir miedo, absurdo;
increíble, pero, verlo al frente
y huirle sólo girando la mirada.
Increíble imaginar una noche perfecta
y más increíble tenerla en las manos
y cambiarla por la muerte y las cucarachas
y abrir un hueco en el aire
y guardar las imágenes en ese lugar.

Increíbles no hay personas o voces,
increíble una mano con vida propia
que acaricia y juega y no tiene memoria.
Es increíble el recuerdo pues no se ve,
es increíble por no repetirse.
Increíble tener que una historia inventar
para el olvido morir y nacer el futuro.

14 de octubre de 2011

Cielo

Ese cielo maldito e inerte
oye y ve todo en este mundo
y pasa inadvertido entre el pueblo

¡Escúchame a mí, por favor!
-No quiero tener que volar
y alcanzarte y golpearte,
y que abras los ojos y comprendas
que aquí abajo necesitan tu atención-.

Puede llover en cualquier instante,
puede secar la tierra un minuto despúes
puede derrumbar la naturaleza,
su amiga y compañera,
con su colosal voluntad.

¡Oh!, admirable y envidiable cielo
¡Escúchame a mi, te lo ordeno!
-No me hagas morir y odiarte;
pactar con el infierno una traición.
Puedo bajar al fondo y ascender
con la velocidad del pensamiento
y poseerte; tú, poseerme-.

-¡Mejor!, juntos tu y yo
caprichoso y ciego cielo.
Juntos podemos reinar:
traeremos vientos desde el norte,
desde el oriente y desde arriba
y entraremos en la sangre de todos-.

El cielo gris, a veces negro,
se ofende por mí y se enfurece.
Entonces, cuando de sus nubes
brota agua sucia y amarga
-como mis sentimientos por él-
es porque llora por mi odio.
Pero él, imperioso y canalla,
descaradamente nos ilumina
con su caluroso azul
a mí y a mi gente
cuando se siente ignorado.

¡Escúchame a mi una última vez!
-Hágamos un acuerdo.
Observa mi pueblo y cuentame
lo que mis ineptos ojos no alcanzan.
Yo haré plegarias para ti y al final
me sobrecogeré contigo para, con alivio,
controlar entre tu claro poder

1 de octubre de 2011

Esta noche es para bailar

Mira cómo sus pies te adornan,
acércate, la pista es sólo suya.
Ahí estás bailando solo,
esperando sentir sus manos en tu espalda.
“Tú, acaba con ese licor
y embriágalo con tus movimientos”:
quiere que caigas sobre él,
que bailen este fuerte ritmo,
que se bañen por la música.
¡Te das cuenta de los que los une!
No son tú y ella bailando,
es el tambor el que los mueve
los conecta;
el humo es donde se proyectan sus pasos.
La música nunca parará,
bailen más lento ahora,
sentirás su corazón descansando
y su mirada pedirte caricias.

-Tú sabes que el baile es como la poesía,
cada paso es un verso,
la rima está en el sincronismo,
la lírica en los movimientos.
Como amo la poesía, amo la danza:
es mi historia llegando al público,
es el arte en silencio,
dibujar letras en la tierra,
es hacer un cuento bajo tus pies.


¿Sientes el baile?,
¿sientes las palabras?
Escucha y déjate llevar de la sinfonía
que han creado.
Ustedes son la música:
ella el saxofón y tú el timbal
que vibra con cada respiración suya.
¡Y qué bien suenan!

-Yo también podría bailar toda la noche,
Pero ya no quiero solo.
“Ven, enséñame tus pasos,
Rompamos la noche bailando.
Vamos a convertir esta pista en un libro:
Tú tienes la historia y
yo la escribo sobre tu cuerpo
con la ayuda de estas notas…
si re fa sol do la mi do mi
do fa la re re sol si si la
sol fa mi re do la do…

Ya sabes,
cada nota es una palabra,
cada danza es un cuento.
No dejemos de bailar”

23 de septiembre de 2011

Confesión


Hablarte es, para mí, cambiar tu día con mi voz;
guardar el tiempo en lo más íntimo de tu memoria,
clavar la luz de tus ojos día a día en mi corazón,
escuchar de tus labios brotar la poesía.

No tiene precio, pero sería muy feliz mi alma,
si además, consiguiera tener algo más de ti,
si pudiera, la cobardía, ahogar en la mar
y anunciar que no hay nada me haga más feliz.

Pido al cielo que permanezca en tus mejillas,
que la noche cace para ti la luna nueva,
y en el invierno frío pueda yo abrigarte.

Podría con un día de verano compararte,
con la alborada más cálida y más bendita.
Pero eres única, eres un sueño y eres real.

15 de septiembre de 2011

Soledad

¡Ay! Soledad, siempre serás mía
El vacío ha vuelto a mi vida,
y mis recuerdos son todos de ti,
Soledad, siempre serás para mí.

Conocí la felicidad, al menos,
pero la tristeza es más larga.
Y pido, todas las noches, al cielo
que me mate o vuelva a verla.

Diré a la gente sobre la alegría,
sobre el amor, la belleza y los sueños.
Mas no podré olvidar que un día
todo existió, pero regresó la nada.

Tal vez sea la última noche;
o en maldición, tal vez no lo sea.
pero hoy o cuando sea el fin,
moriré contigo a mi lado, soledad.

5 de septiembre de 2011

... Y sé que las historias, que son parte de mí como piel que se deshace en las paginas y como sangre que queda en cada personaje, volverán a mí, como debe ser: las historias van al escritor que ellas escogen para ser contadas. Y justamente ha venido una historia a mí y espero tener el tiempo para contarla...

1 de septiembre de 2011

Memoria tres meses después


¿Por qué, repentinamente, siento que no soy yo el que está dentro de mí? Desde que te fuiste me siento esclavo de alguien que no reconozco, mi cuerpo es la cárcel de deseos y tentaciones que no encuentran sentimientos. Desde hace un tiempo, cuando prefería morir, los días no tienen gracia, no hay complicidad, no hay placer, no hay felicidad, murió una parte muy importante de mí y ahora ando por la vida incompleto, medio muerto, medio inerte, actuando por intuición, a veces por instinto, pero no por emoción ni por amor. Todo lo que conocía hasta ti se ha borrado: el mundo es diferente ahora para mí y he tenido que empezar a ver cosas realmente nuevas, he tenido que empezar a pensar diferente, a tener otros gustos, otros pensamientos, otras ilusiones. Nada que ver conmigo, con lo que siempre he sido. Pero, es cambiar de rumbo o seguir atado a un yo que ya no tiene salida, que se quedo encerrado en tus sueños y que sin ti, es mejor que desaparezca. En el fondo, siempre habrá un mismo yo, un mismo romántico, nocturno, solitario y visionario poeta, aunque se sepulte en números y costumbres y viajes innecesarios por lugares al azar hasta que ya nadie más pueda verlo; sólo tú que ya sabes que todavía podrías encontrarme en algún lugar.
¿Valdrá la pena permitir que algo más se apodere de mí y dejar hundida una parte de mí, que orgullosamente grita que no vive sin ti? Pareciera seguro que nunca más volveré a expresar tantos sentimientos con palabras, así como alguien entenderlos, como lo hacía antes.

29 de agosto de 2011

Oratoria sobre besos




Para mí los besos son como flores naciendo en mi rostro. El olor de sus labios me hacen sentir en un jardín, la suavidad con que me besa me da tranquilidad y cuando encuentro su lengua entre mis sonrisas es el cielo el que veo ante mí. No hay nada más excitante para mí que bailar salsa con su boca. Sólo de verla hablar, ver sus labios moviéndose, brillando, llamándome, sus dientes limpiando las risas, mi cuerpo me empuja a tocarla, a acariciar sus mejillas, a sentir su cabello entre mis dedos y besarla lentamente, dejando en cada segundo una parte de mí para que después me recuerde cada vez que me sienta en su boca.

Los besos son sentimientos conectados o deseos insatisfechos. De ambos besos he probado y ambos tienen atractivos sabores que quisiera repetir. Mas sólo unos besos logran cautivarme y encerrarme en un círculo de adicción: los besos calmados y apasionantes, que tardan minutos para empezar y que en un segundo se vislumbran, se acercan detenidamente y, luego de una mirada profunda, se esfuman en el silencio de los labios unidos. Besos como tal sólo he tenido uno. Algunos besos quedan marcados por años, algunos son recordados cerrando los ojos. Algunos besos hacen falta y otros no deberían terminar nunca.

Una vez besé una boca perfecta y sentí que había encontrado un nuevo mundo, una nueva luz. Pero tenía un beso que aparecía en todas partes, un beso que bajo el cielo de un mundo verde, me tiene atado a un alma volátil que camina entre las nubes sin rumbo fijo, esperando caer de las alturas y aterrizar entre mis brazos para que su boca poseedora se aferre a mí y me bese otra vez.

Sí, el beso volvió, y con él, todo un racimo de visiones que quiero obsequiar con flores, con arena y olas, bajo el sol y entre el viento. Ese beso, que siempre ha estado en todas partes, ahora está todo el tiempo y simplemente me gustaría tenerlo en el caribe. Ese sería el mejor de todos los besos que jamás he tenido, aunque no sean muchos y, ese, es el beso que me tranquiliza, me aromatiza de rosas los labios, me apasiona y me sonríe al final. Ese beso es para mí una señal, una señal de amor que aparece entre canciones y que desaparece en la lluvia, pero permanece en los sueños.

21 de agosto de 2011

Un deseo en la sabana

A través de una ventana,
mi cara, el sol acarició
y el brillo de la sabana
tu suave piel me recordó.

El calor de los helechos
me trajo tu primer beso.
No veo la hora de volver a ver
tu cuerpo en mi pecho.

Desde que te vi, un deseo
eres hecho realidad
y en lo grande del valle,
siento que puedo caminar con vos.

16 de agosto de 2011

Luna brumosa de hoy

Hoy vi la luna y algunas de las pocas estrellas visibles en el contaminado e iluminado cielo de Bogotá. Levantar la cabeza y perder mi ubicación terrestre observando las constelaciones en la noche y las formas oscuras de las nubes, es una actividad que me apasiona desde hace mucho tiempo. La luna se veía como pocas veces puede verse aquí: amarilla, brillante aunque brumosa y creciente; salía por encima de las sombrías montañas de los cerros nororientales de la ciudad y el cielo alcanza a pintarse de oro. Así es que vi esta luna esta noche y recordé unas letras escritas en un pequeño tozo de papel, muy adecuadas para esta noche. Quien las escribió era alguien demasiado importante para mí.

Luz de luna. Envuelta en espesa bruma.
¿La recuerdas? ¿Te es familiar?
Sé que sí. Es la misma luz de tus ojos,
la misma bruma de evasiones
cuando no debo escrudiñar en tu alma...
Y aún así lo hago.
Es por lo que vivo ahora:
encontrar el final de ese firmamento oscuro
en el que puedo descubrir mil planetas,
mil estrellas, mil sorpresas cada día.
Allí donde mis sueños y mis fantasías
se hacen realidad con los tuyos.

Cada día eres más perfecto... más para mí

5 de agosto de 2011

LA LEYENDA DEL HOMBRE CON EL CORAZÓN ROTO

En el pueblo se está escuchando que nació una leyenda. Que hace varios días se escucha a un hombre lamentarse y no parar de gritar en las noches. La gente dice que él lleva la marca de un corazón roto en el pecho. Dicen los más viejos que fue por causa de una mujer de la cual estaba enamorado desde que empezó a soñar, cuando la veía todas las noches en castillos o en barcos, incluso, la primera vez, la vio en un templo y, al despertar, muchos meses después la conoció frente a una librería, donde quedó grabado para siempre el amor en su piel. De ella, cuentan que inspiraba lujuria y paz, que en las noches su voz acariciaba las flores y que al amanecer siempre tenía una sonrisa en su rostro. Muchos hombres se enamoraron de esa mujer por mucho tiempo, unos supieron disfrutar su belleza y amabilidad; otros tontos ciegos jugaron a creerse únicos y perdieron sus recuerdos. Pero este hombre, según hablan, conquistó a aquella mujer una noche en que un brillo ingenuo brotó de su pecho y una mirada infantil y soñadora mostraba cuán profundo llegaban los besos que él sembraba en todo su cuerpo. No fue esa la única vez que él hizo sentir tan preciosa a ella, quien se hacía llamar Mara, pues en la cima de una montaña, con el sol anaranjado reflejando sus verdes ojos, él le prometió que no habría un día para no sentirse enamorada. “Todos los días te conquistaré y te enamoraré” le dijo esa tarde. Y a partir de ese momento, no hubo un solo día sin escuchar palabras de amor y ninguna noche durmieron separados. La gente en el pueblo afirmaba que él era un ángel y había venido a salvar la vida de Mara. Sin embargo él, que sólo era un príncipe –azul para Mara–, decía que era ella quien había salvado su mundo de la terrible soledad, pues nadie antes había visto en ella lo que él vio: una niña inocente y tierna, escondida bajo unos sensuales gestos, que cuando le sonreía, iluminaba el ambiente y lo hacía volar a un futuro lejano bañado de rosas y de años acariciando la vejez. Como todos los enamorados, tuvieron que luchar contra algunas fuerzas malignas que querían invadirlos, no sólo a ellos, sino a todo el pueblo también. Pero ellos eran valientes y mientras sus manos estuvieran entrelazadas no habría nada que les impidiera luchar. Complementaban sus capacidades y toda su fuerza era invencible así que nada pudo separarlos. Sólo ellos mismos podían hacerlo, pues no había nada más fuerte que la unión de sus manos. Aun así pudo romperse el corazón del príncipe y quién lo hizo, a pesar de todo, fue Mara.

No fueron suficientes las promesas que se hicieron besándose las manos. “Todos los días te amaré” solían decirse antes de dormir y soñarse mutuamente. El amor entre ellos parecía eterno, e infinito. Se escuchaba a los niños del pueblo decir que en sus calles nunca se había visto un aire tan brillante y nunca se había sentido un aroma tan dulce hasta que Mara y el príncipe se encerraron por primera vez en una habitación llena de pétalos y de versos sobre los cuales derramaron toda su pasión y todo su gusto, y permanecieron desnudos juntando sus pieles y sus sentidos escuchando las canciones románticas que ella cantaba para él y las poesías más largas y comprometedoras que él jamás haya escrito para alguien. Todos aseguraban que ellos seguirían caminando juntos por los jardines del pueblo, unidos siempre de las manos, hasta que la muerte llegara a acompañarlos en sus caminatas; muchos pensaban, incluso, que seguirían amándose en el otro mundo. Pero todas las promesas, todas las ilusiones, todos los sueños, todas las visiones que existían en el pueblo, todo desapareció un día cuando Mara no despertó con el príncipe. Un viejo loco en las afueras dijo haberla visto salir corriendo esa mañana y cruzar el puente sobre el río vestida sólo con su íntimo pijama. De ella nada se volvió a saber con certeza; sospecharon muchas causas, intentaron adivinar sus sentimientos y algunos supusieron faltas de buen juicio. Pero nadie, ni siquiera el príncipe, quien había vivido con ella los mejores años de su vida y creía conocerla muy bien, pudo saber cuál fue la razón de su partida.

El príncipe seguía encontrándola en sus sueños, más hermosa que nunca, siempre le seducía y le decía que quería volver, que extrañaba sus besos, su cuerpo, sus palabras. Él acariciaba su cintura tiernamente todas las noches mientras la besaba olvidando todo alrededor. Pero despertaba y se daba cuenta que Mara seguía lejos. Hubiera preferido no despertar todas esas noches y volver a vivir lo que en tiempos anteriores fue real. Mas el príncipe nunca perdió su esperanza pues escribía cartas y poesías que mandaba al río esperando que alguna vez llegaran a donde ella estaba. Se aferraba a pensar que Mara continuaba amándolo, que tan sólo había ido a buscar algo que no podía encontrar a su lado, pero regresaría y le daría una gran sorpresa cuando le mostrara el hallazgo y pudiera seguir queriendo estar con el hombre de su vida, quien había vivido en sus sueños y ahora era real, quien era perfecto para ella y a quien amaba todo de sí, hasta que dejara de soñar. Mientras tanto, él esperaba y en el pueblo decían que él era capaz de esperar ahí sentado, frente a su casa, hasta morir de amor, que nunca se pararía de ahí si no era con Mara a su lado. Y tuvieron razón, pues el príncipe dejó su alma ahí sentada.

Nadie volvió a escuchar al príncipe hablar. Los habitantes dicen que se le acabaron las palabras, que nunca se ha detenido a saludar a nadie, que nunca levanta la cabeza y que siempre está llorando. Los chismes se difundieron casa por casa, pero la verdad es que no se puede ver un cuerpo sin alma. En el día sólo se ve una sombra caminando por las paredes, pero nadie es dueño de esa sombra; y se estrella con la gente pero es como si no existiera nadie, les atraviesa como si fueran nada, es invisible para todos. Por donde pasa el cuerpo del príncipe, quedan rastros de sangre en el piso mientras la sombra escurre lágrimas. Todos en el pueblo entienden el dolor que pudo sentir y dicen que sin Mara a su lado, el pueblo se ahogaría en lágrimas y en tristeza pues cada vez eran más largas las caminatas que el príncipe hacía para buscarla. Desde esos días en que simplemente se ve un cuerpo caminar día y noche como si no tuviera alma, derramando sangre y buscando a través de las ventanas encontrar a esa mujer, se dice que el príncipe abrió su pecho, y vio su corazón roto. Su herida no se ha cerrado en mucho tiempo y cada día se puede ver un hombre sentado en frente de su casa, inmóvil, y una sombra caminar por las calles.

El príncipe está bien actualmente, cada noche sigue escribiendo las cartas y poesías que llevará al día siguiente al río para enviarlas a Mara y luego da vueltas por el pueblo buscando historias que pueda contarle a ella para hacerla regresar. Esa era la razón por la cual no hablaba con nadie. Su dolor fue fatal, a tal punto que, como cuando sentía amor con Mara, el aire cambió y las personas comenzaron a ver caos entre sí y a alucinar con hechos tristes y agónicos, como el del hombre con la marca en el pecho, que era él mismo visto desde la gente. Esa leyenda, que era él mismo, fue la última carta que le envió a Mara. Continuó esperando mientras veía las personas vivir, ser felices, besarse, abrazarse y él quería sentir eso otra vez más, pero esperaba porque ya había sido feliz, y a diferencia de esa gente, podía amar una sola vez y morir de amor si fuera necesario. Pero muy en su interior, sabría que valdría la pena la espera, pues la mujer de sus sueños, de su vida, su felicidad y su amor, vendría algún día a hacerlo sonreír nuevamente y a cumplir los sueños huérfanos que nacieron el día en que ellos dos se enamoraron y que aún podían ser cumplidos.

23 de marzo de 2011

La ceguera del amor

No sé qué más puedo inventarme,
ya no sé qué camino seguir, si en éste
cae la lluvia frente al cielo rosado,
las rosas, casi infinitas, están muertas,
la paz es tangible, pero la soledad grande,
es hermoso el arco iris, pero no brilla en tu piel,
el río canta sin parar arrasando piedras;
si aquí, podría vivir, pero sin avanzar.
Sólo caminamos juntos.

No quiero retroceder, aquí lo tengo todo,
todo menos mi destino...
¿Qué otro camino puedo tomar?
¿Qué más puedo hacer contigo
si mirarte es mirar las estrellas,
si besarte es sentir las nubes,
si acariciarte es jugar con la arena,
llorar por ti es como llorar en el mar,
descubrirme ante ti es lanzarme al abismo?

El mundo sigue asombrándome,
aunque no pueda describirlo o fantasearlo
encontrando personajes en el viento y en la música,
en la sonrisa de un niño que me mira,
o en la mirada de un viejo que me sonríe,
en las hojas de los árboles y en las luces
de la luna, el sol y la de tu cuerpo.
El río canta pero no moja tu piel,
las rosas eran todas tuyas, pero están pisadas,
el cielo es tu hogar aunque la lluvia no te deje volar.
Y yo, aunque siga amándote, me he perdido.

24 de febrero de 2011

Melancolía


Cuando se extraña el mar,
se escapa el alma; hay soledad.
No se pueden parar las olas,
como no se puede tener lo perdido.
La arena que penetra la piel
son recuerdos de la espuma que otrora
abrazaba tu cuerpo interminablemente,
tal como la felicidad del jardín.

Naufrago en un cayo, de noche;
presiento que el mar es maldito.
Extraño mi hogar, el café,
las flores en la cama, la música.
Este viento frío que me golpea,
las ondas monstruosas en la oscuridad,
las notas tenebrosas del silencio,
agobian mi calma, están matándome.

Extraño el mar, la vista.
El mundo que tenía desapareció
con mis ojos y la melancolía.
Tengo conmigo toda esta tierra,
todo el agua, toda la luz.
Se va mi alma trás de ti,
extraña tu felicidad, tu vida.
Pero te siento aquí en frente.